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Los pobres tienen el perfume de Dios – Granja Siquem

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Traemos el testimonio de Manuel Schneider, coordinador de la Granja Siquem, un espacio para contención y rehabilitación de menores en riesgo situado en Río Cuarto, Pcia de Córdoba 

 

¿Cómo nace esta granja? ¿Cuál fue ese inicio?

Estando en la universidad, en un grupo de universitarios, en la pastoral universitaria, sensibilizado por el Evangelio y por una realidad de injusticia, decidimos hacer algo. Y ahí comenzamos una larga historia, con presos mayores, con trabajo de territorio en los barrios, y surgió la idea. Gestionamos y recibimos un crédito con el cual, a través de la iglesia, se compró el campo donde vivimos, un tractor y una chata, y ahí comenzamos con los sueños.

Sueños que ni cerca de la realidad de ahora se superó ampliamente. Creo que cuando uno pone las cosas en marcha y el corazón sobre la mesa, lo comunitario supera los sueños individuales. Hoy, hace varios años, estamos con 10 chicos que viven con nosotros. Comenzamos trabajando en prevención, hace 30 años eran chicos de 16 años, en la esquina o en semáforo. Hoy son 8 o 10 años. O sea, los chicos de hoy ingresan con esa edad. Sin ninguna oportunidad social.

Con 10 chicos de ellos actuó la justicia, tomaron las medidas excepcionales y viven con nosotros. Patricia y yo vivimos ahí hace 33 años, con nuestros hijos propios, y después un vehículo institucional que recorre la ciudad buscando a los chicos que pasan el día con nosotros.

Manuel con su esposa Patricia

La idea nuestra es que el niño quede en su contexto comunitario, que se críe con su familia en su escuela, en su barrio, en su club. Pero bueno, hoy no se puede y las situaciones escapan de esa realidad se toman medidas, hay una cuarentena de esos chicos que el colectivo los recoge a primera hora de la mañana, a las 7 empieza el recorrido el colectivo, desayunamos, escuela primera secundaria, almorzamos, jugamos, vamos a las producciones. Esos niños se fueron quedando y hoy son hombres que hace 10 años formaron una cooperativa de trabajo.

Hay más de una veintena de integrantes de la cooperativa donde se hace producto tratando de darle a la producción agropecuaria el mayor valor agregado posible. Y se venden los productos, queso, salame, milanesa, cortes, a domicilio con vehículos institucionales, se ha montado una comunidad de mucha gente que trabaja y ya hablábamos hoy en el desayuno donde cada vez se nos hace, la realidad es más compleja, más dura, pero a nosotros se nos ha facilitado el tener espejos donde los niños se pueden copiar. El chiquito de 8 o 10 años que llega siendo casi un hombre y para la sociedad son excluidos, descartados y asesinos seriales, en la granja se transforma nuevamente en un niñito que juega, que va a la primaria y que se ven espejos que son estos primeros compañeros que integraron Siquem y que hoy están frente a la cooperativa. Entonces ellos se ven, se reflejan y quieren ser así, entonces nos facilita el proceso.

Manuel cuando empezaste tu relato decías teníamos un sueño que hoy nos ha superado en lo que la realidad les ha ido generando y suponiendo cada vez que tenían que ingresar estos chicos a la granja. ¿De dónde parte esa superación? Más allá de lo que fuiste contando de cómo fue el crecimiento estructural, quiero ir ahí a esa parte, al corazón, a la diaria, a este poder haber compartido con ellos la vida.

Primero pasamos de algo grupal, éramos dos o tres parejas, a ser algo comunitario, entonces eso le da otra dimensión al sueño. Y hay gente que quiere, que tiene ganas y por ahí no encuentra dónde. Entonces donde encuentra lugares, quienes hacemos algo de misericordia o tratamos de hacer algo de misericordia o hacer algo de servicio o hacer algo por el otro, sabemos que la satisfacción es mucho más grande de lo que se recibe, mucho más.

Y eso en un contexto comunitario hace que no nos caigamos todos juntos, entonces se puede ir multiplicando. Muchas veces los fracasos de las opciones, de los trabajos, del ir al barrio, o sea, a mí me toca trabajar en la universidad y ver a los chicos universitarios que van al barrio y se desilusionan, pero lo hacen como individuos. El tema de ser grupo, ser comunidad, hace que te sea más fácil sostenerte.

Uno de los secretos de Siquem fue eso, tratar de ir generando una comunidad y construir en base a los carismas y a los recursos humanos, y desde ahí gestionar después el proyecto y buscar los recursos económicos, edilicios, entonces eso le fue dando solidez. Tuvimos mucho tiempo de hermetismo, de cerrarnos, de tratar de consolidarnos, de mirarnos para adentro antes de abrirnos a la sociedad, y en esta última pos-pandemia sí tenemos una inserción social muy grande y tenemos un acompañamiento comunitario que nos sorprende. Hoy por hoy la problemática es imposible abordarla de las barriadas, si no se hace de las tres patas.

El Estado, con toda la responsabilidad que tiene, el sector privado, con todas las responsabilidades, cuando hablamos del sector privado es desde la doña, el don que está en la casa, pero principalmente los que tienen jerarquía, todos los referentes empresariales, gremiales, lo que sea, es el sector privado y las organizaciones sociales. Lamentablemente ahí hay una debilidad, el proceso de los últimos años ha destruido todo lo que es tejido social y organización social, hay que reconstruirlo, pero hay que definirlo, hay que decidirlo y comenzar de nuevo.

Tenemos que juntarnos y lavarnos las heridas como los perros, para empezar a construir desde ahí. Esas tres patas tienen que estar articuladas, exigirle a los que tienen responsabilidades y quienes estamos en el territorio, encontrarnos. Y construir de nuevo el tejido que se ha destruido.

Cuento el caso de uno de los chicos: un día viene y me dice, yo quiero conocer al Dios que vos amas, porque parece que es buenísimo. Porque si vos estás feliz haciendo esto, es porque es bueno. Y eso moviliza el corazón en esto, donde decís en el servicio encontrar esa belleza que a veces, que a veces dice ¿qué olor tiene el pobre? El perfume de Dios.