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Séptimo aniversario de la beatificación: “Los mártires iluminan nuestras vocaciones”

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Al cumplirse el séptimo aniversario de la beatificación de los Mártires Riojanos, monseñor Dante Braida presidió la Santa Misa en el Santuario de San Nicolás de Bari. En un clima de profunda oración y gratitud, el Obispo reflexionó sobre el legado de monseñor Enrique Angelelli y sus compañeros, destacando que su entrega no fue un hecho aislado, sino el fruto de vidas transformadas por el Evangelio.

Durante su homilía, el prelado vinculó el tiempo pascual con el testimonio de los beatos, señalando que ellos dieron la vida por Cristo resucitado. “El gozo de saber que resucitado vive para siempre y está junto a nosotros… invitándonos constantemente a seguir sus huellas”, expresó Braida, subrayando que la misión de los mártires fue anunciar el Reino a través de palabras y obras de liberación.

En este sentido, recordó el llamado que monseñor Angelelli hizo al llegar a la provincia: “Mons. Angelelli desde su llegada a La Rioja invitó a todo el pueblo a ser continuadores de esta misión de Jesús. Dejando que en primer lugar el Evangelio transforme nuestras vidas para luego dar testimonio de lo que vivimos”.

Vocación y compromiso hoy

Un eje central de la celebración fue el concepto de vocación. Monseñor Braida recordó que cada uno de los mártires respondió al llamado de Dios desde realidades distintas: “Un obispo, un sacerdote diocesano, un religioso franciscano y un laico padre de familia. Diferentes vocaciones que se complementaron para que el mensaje de Jesús llegara a todos los rincones de nuestra diócesis”.

El Obispo invitó a la comunidad a no quedarse en el recuerdo del pasado, sino a proyectar ese ejemplo en el presente: “Nos hace bien contemplar sus vidas porque en ellas encontramos luz para nuestro propio camino vocacional. Dios tiene un sueño para cada uno de nosotros y los mártires nos enseñan que ese sueño se realiza en la entrega cotidiana”.

La familia como pilar

Monseñor Braida dedicó un espacio especial para valorar el entorno humano de los mártires, mencionando sus raíces y el papel fundamental de sus familias. Relató experiencias personales de encuentros con familiares de los beatos, como Coca —esposa de Wenceslao Pedernera— o las sobrinas de Angelelli, resaltando la fe que se transmite en el hogar.

“La vida de las familias de los mártires es también para nosotros un mensaje para cuidar nuestros hogares, cuidar la vida de los matrimonios, la relación con los hijos escuchándolos mucho… alentando a que se realicen en aquello para lo que Dios los ha creado”, manifestó el obispo.

Hacia el final de la celebración, monseñor Braida alentó a los fieles a ser motivos de esperanza en los tiempos actuales, manteniendo la mirada fija en el ejemplo de quienes fueron testigos hasta el final. “La vida de cada uno de nosotros es valiosa y Dios nos quiere entrañablemente. A su vez espera que, unidos a Él, podamos dar muchos frutos, mucha vida”, concluyó.

La jornada cerró con un renovado compromiso de la comunidad diocesana por mantener viva la memoria de sus mártires, no solo en la oración, sino en la construcción de una sociedad más justa y fraterna.