En este domingo 26 de abril, cuando la Iglesia celebra la Jornada del Buen Pastor, recordamos el centenario del fallecimiento de monseñor Abel Bazán y Bustos. Su vida, dedicada al servicio de los trabajadores y los más necesitados, sigue siendo hoy un testimonio vivo del amor de Cristo por su rebaño.

La coincidencia providencial de este centenario con el Domingo del Buen Pastor nos invita a contemplar la figura de monseñor Abel Bazán y Bustos no solo como un ilustre riojano, sino como un pastor que supo oler a oveja mucho antes de que la expresión se hiciera conocida. Fallecido hace exactamente cien años en Buenos Aires, su legado de justicia social y entrega pastoral permanece intacto en el corazón del pueblo.
Nacido en Tama en 1867, monseñor Abel encarnó la imagen del pastor que «llama a sus ovejas por su nombre». Como Vicario Foráneo en La Rioja, fue el gran impulsor del patronazgo de San Nicolás, pero su verdadera catedral fue el compromiso con la clase obrera.
En un tiempo de profundos desafíos sociales, fue reconocido como el “Obispo Social”. Su desvelo por las trabajadoras domésticas, la creación de asociaciones católicas de obreros y las campañas de viviendas sociales no fueron simples actos de beneficencia, sino el reflejo de una convicción profunda: un pastor debe cuidar la integridad de su rebaño. Como él mismo decía: “¿Acaso no nos dio el ejemplo nuestro divino redentor, comenzando por curar enfermos y saciar al hambriento?”.
El arte y la cultura al servicio del Evangelio
Su altura intelectual, que lo llevó a doctorarse en Roma y a ocupar las más altas esferas de la cultura nacional —siendo incluso designado para repatriar los restos de Castro Barros—, nunca lo alejó de la sencillez de su origen tameño. Fue un pastor que supo dialogar con el arte, la historia y la política, pero siempre con los pies apoyados en la tierra del Tinkunaco.
Hace un siglo, sus restos fueron despedidos con honores por el presidente Marcelo T. de Alvear y una muchedumbre que se agolpó en la Catedral Metropolitana. Su traslado final a Paraná fue el último viaje de un padre que volvía a casa para descansar. Hoy, sus restos descansan allí, a los pies de la Virgen del Rosario, la misma advocación que lo vio nacer en su Tama natal.
Oración por las vocaciones
En esta Jornada Mundial por las Vocaciones, la vida de monseñor Bazán y Bustos nos desafía a pedir por nuevos pastores que, como él, tengan el coraje de defender ideales de justicia y convicción. Su mensaje nos impulsa a avanzar como pueblo peregrino, asegurándonos de que nadie se quede atrás ni fuera del banquete de la vida.













