¡Y los sigue haciendo!
Los hermanos Pedernera, Cecilia, Wenceslao, Antonio y Mariano, nacieron y se criaron en la zona rural de La Calera, en la provincia de San Luis. Wence, o Chacho como lo llamaban, fue asesinado hace 50 años; Cecilia falleció hace 15 años; Antonio y Mariano tienen 88 y 86 años respectivamente y relatan con mucha lucidez la vida de su hermano Mártir y Beato.

Como él mismo y su familia dice, Antonio es muy parecido a Wenceslao, con sus mismos ojos verdosos que enamoraron a su esposa Coca; Mariano en cambio no tiene el rostro de Wence pero sí su altura, 1,75 aprox y sus mismos ojos que él mismo se encarga de aclarar a la vez que dice que Wence era «gordito», no delgado como él. De este modo los hermanos cuentan sobre «Chacho» el modo que en la familia llamaban a Wenceslao. Tanto ellos comos sus hijos son sencillos, amables y no «usan» este privilegio de tener un familiar beato para sus fines personales, al contrario, cuentan incrédulos el espacio que ocupa «Chacho» en la iglesia y en la sociedad.
Aquí unas pinceladas de la vida de niño y de joven de Wence contada por Antonio y Mariano:
- Era muy compañero de nuestro padre, trabajaban juntos en las cosechas.
- Fuimos a la escuela por temporadas, con maestros que iban al campo.
- Aún está en La Calera la casa en donde nos criamos (Antonio sigue viviendo allí)
- Wenceslao no tenía vicios, el único que tenía era jugar al fútbol, le gustaba mucho y jugaba de delantero, era el que hacía los goles.
- Siempre fue generoso y trabajador. Lo que ganaba lo traía a la casa para todos nosotros.
- Era muy tranquilo, le gustaba estar con amigos. Pensaba mucho las cosas.
- No éramos religiosos pero creíamos en Dios y la Virgen.
- Se fue a Mendoza a hacer el Servico Militar, regresó y al año se fue a trabajar allá.
- Conoció a Coca, se casó, formó una familia. Vino a vernos con Coca y las chicas. Ella influyó mucho en su vida.
- Se fue a La Rioja a ayudar a los pobres, nos llamó la atención que se hiciera tan «religioso».
- Supimos de su muerte por un telegrama que nos mandó Coca. Después perdimos contacto hasta que Mariano, varios años después, se dedicó a buscar a Coca y las chicas. (Susana, hija de Wenceslao, recuerda con mucho cariño este gesto de su tío)
- Deseamos estar en la Conmemoración de los 50 años de su entrega martirial. Hay que difundir más su vida. Fue un gran hombre.
Estar con Mariano, Antonio y sus hijos, disfrutar de sus presencias y simpatía, de sus gestos de acogida muestran que detrás de un hombre entregado como Wenceslao hay una familia que comparte los mismos valores, la misma pasión por el bien de los demás y con los ojos puestos en Dios. Los Santos no andan solos.
















