En la celebración del domingo del Buen Pastor, el Obispo de La Rioja reflexionó sobre la importancia de escuchar la voz de Dios para encontrar una vida plena. Además, recordó la figura de monseñor Abel Bazán y Bustos en el centenario de su fallecimiento como un ejemplo de entrega pastoral.
En la Parroquia Señor del Milagro, monseñor Dante Braida presidió la Santa Misa por la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Durante su homilía, el obispo profundizó en la imagen de Jesús como el Buen Pastor resucitado que guía y cuida a su pueblo, invitando especialmente a las nuevas generaciones a descubrir su lugar en la Iglesia y en la sociedad.
Al iniciar su mensaje, el obispo destacó que la identidad del cristiano se fortalece al reconocer la cercanía de Dios. “Reconocemos a Jesús como nuestro Buen Pastor Resucitado, que está presente en nuestra vida cuidándonos y guiándonos”, expresó, subrayando que seguir este camino no es una carga, sino una invitación a la realización personal.
Dirigiéndose a los jóvenes, monseñor Braida hizo eco del mensaje del papa para esta jornada: “¡Queridos jóvenes, escuchen esa voz! Escuchen la voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos”. Según el prelado, el desafío actual radica en aprender a distinguir el llamado de Dios entre otras voces para alcanzar un crecimiento humano y espiritual maduro.
El ejemplo de Monseñor Abel Bazán y Bustos
Un momento central de la homilía fue el homenaje al obispo riojano Abel Bazán y Bustos, al cumplirse 100 años de su partida. Monseñor Braida destacó cómo la vida del «ilustre tameño» fue un reflejo histórico del Buen Pastor.
“Él tuvo la misión, como vicario foráneo del obispo de Córdoba, de ser sacerdote en La Rioja reconstruyendo la vida y la esperanza luego del terremoto que destruyó esta ciudad a fines del siglo XIX”, recordó el obispo. Asimismo, valoró su posterior labor en Paraná, donde “dejó una profunda huella en el servicio pastoral y en la promoción social de aquellas poblaciones”, vinculando la vocación religiosa con la transformación de la realidad social.
Un compromiso compartido
Para finalizar, el obispo alentó a toda la comunidad a ser facilitadora de vocaciones, acompañando a los adolescentes en su búsqueda de sentido. “Pidamos juntos al Buen Pastor resucitado que también a nosotros hoy nos dé la gracia de crecer cada día en el vínculo profundo con Él, que podamos vivir la propia vocación y el compromiso que ella implica con alegría”, exhortó.
La celebración concluyó con una oración a la Virgen, a San José y a los beatos mártires riojanos —Enrique, Carlos, Gabriel y Wenceslao—, pidiendo que su testimonio de entrega inspire a los fieles a vivir con fidelidad su propio camino de santidad.













