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Ecos de nuestra asamblea diocesana

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Compartimos las resonancias de los participantes de nuestra Asamblea Diocesana

Augusto Agüero – Parroquia del Salvador, Chamical

Participar en la Asamblea Diocesana de Pastoral fue una experiencia profundamente enriquecedora. Desde el espacio de juventud, pude escuchar las voces de distintos jóvenes de parroquias y comunidades que, si bien un par daba gracia de pertenecer a un grupo juvenil activo, la mayoría coincidíamos en la falta de grupos juveniles y en la escasa participación de los jóvenes en la vida de la Iglesia.

Se compartieron dificultades que van desde la falta de acompañamiento pastoral hasta la necesidad de catequistas más actualizados en los cursos de confirmación. La necesidad de un joven adulto mayor que permita la guía a los jóvenes para participar de la vida de la iglesia como así también se señaló la presencia de estructuras rígidas que limitan la integración juvenil.

A pesar de estas trabas, percibí un fuerte deseo y anhelo de los jóvenes de involucrarse, de buscar a Dios y de encontrar un lugar en la comunidad eclesial con actividades integradoras e inclusivas, la oración, adoración y alabanza Compartir estas inquietudes en público fue gratificante, pues la escucha se hizo general y fraterna.

El ambiente general estuvo marcado por la animación, el canto, la música y la fraternidad: el mate compartido, los abrazos, y la presencia de signos sagrados como la cruz de los mártires, las reliquias y la Virgen María hicieron palpable la acción del Espíritu Santo.

La Asamblea fue un signo de esperanza. Aun en medio de las dificultades, se manifestó el anhelo de una Iglesia viva, abierta y acogedora, donde los jóvenes puedan ser protagonistas y testigos del Evangelio.

Pepe Moreno – Centro Santo Domingo, La Rioja ciudad

Soy Pablo “Pepe” Moreno, del Centro Pastoral Santo Domingo, a quien tuve el honor de representar en la Asamblea Diocesana Pastoral realizada en La Rioja.

Este encuentro fue un verdadero espacio de comunión, escucha y discernimiento. Me llevo con fuerza el llamado a integrar plenamente a los jóvenes en la vida de la Iglesia, reconociéndolos como protagonistas y no solo como colaboradores ocasionales. Estamos invitados a confiar en ellos, acompañarlos y brindarles responsabilidades reales que los hagan sentirse parte viva de la comunidad.
También se hizo presente la preocupación por el consumo de drogas y las adicciones, una realidad que afecta profundamente a nuestra juventud. Se destacó la necesidad de formarnos para saber cómo actuar, identificar a tiempo estas situaciones y poder acompañar de manera cercana y adecuada a quienes lo necesitan.
En lo personal, esta asamblea ha sido un tiempo de gracia que fortalece mi discernimiento vocacional y renueva mi deseo de servir a Dios y al prójimo.
Regreso con el corazón agradecido y el compromiso de seguir trabajando con esperanza por nuestros jóvenes.

 

 

Diego, Comunidad María Madre dela Iglesia, La Rioja ciudad

En mi comunidad, María Madre de la Iglesia de la parroquia Resurrección del Señor, nos reunimos ya en febrero para “estudiar” un poco el contenido de las consignas. Expusimos nuestros pareceres, anotamos conclusiones y tomamos muchos mates.

Ya en la Asamblea, el 14 de marzo, nos acreditamos y comenzamos a vivir esos momentos de “encuentro” donde los saludos a muchos conocidos, amigos de otras comunidades, desbordaba el ánimo en forma constante. Luego vinieron las presentaciones de rigor, las palabras del obispo, el acto inicial donde el sosiego daba lugar a relajar un poco las emociones y comenzar a poner la inteligencia al servicio de esta jornada. El centro de neurálgico de la Asamblea llegó con los trabajos grupales. Comenzar a exponer nuestras ideas para ir forjando el caminar juntos, evaluar acciones evangelizadoras, renovar líneas pastorales y responder a los desafíos actuales de la Iglesia en La Rioja.

Finalizando el encuentro se expusieron números artísticos que referían la vida y obra de nuestros Mártires como así también algunos testimonios conmovedores. Compartimos momentos con amigos y hermanos, nos abrazamos, mateamos, cantamos y bailamos. La Eucaristía, al final de la jornada, nos daba fuerza para llevar adelante las conclusiones de la Asamblea y nuestro obispo nos recordaba que la misión no es una opción, sino que es la naturaleza misma de la Iglesia.