Monseñor Enrique Martínez es Obispo Auxiliar de Santiago del Estero, desde seminarista conoció a Monseñor Angelelli, se sintió formado y cuidado por él. Su testimonio es muy válido por la cercanía que tuvo con el Obsipo mártir y con sus tres compañeros: Carlos, Gabriel y Wenceslao. Esto nos dice el Padre Quique sobre Angelelli

Al recordar con mucho cariño a Monseñor Enrique Angelelli, destaca que la raíz de su capacidad para perdonar estaba en su profunda vida espiritual. “Era un hombre de oración, fundamentalmente de oración”, aseguró, explicando que esa intimidad con Dios sostenía todas sus decisiones pastorales, incluso en los momentos de mayor persecución.
Angelelli eligió siempre el camino de la reconciliación, incluso con quienes lo atacaban, y que esa misma actitud se reflejó en los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, así como en Wenceslao Pedernera.
Al ser consultado sobre cómo logró perdonar personalmente el asesinato de sus amigos y compañeros, el obispo respondió desde su propia experiencia espiritual: “Y rezando, rezando”. Explicó que la oración transforma lentamente el corazón, hasta reemplazar la bronca por la compasión hacia quien hizo el mal. Incluso recordó que, durante los juicios por los crímenes de la dictadura, experimentó la tentación de responder con violencia, pero comprendió que “la oración me hizo pensar que era más digno de lástima que de bronca”.
El testimonio de Angelelli continúa dando frutos en la Iglesia y en la sociedad. Su legado demuestra que el perdón no nace de la debilidad, sino de una profunda unión con Cristo, capaz de transformar el sufrimiento en esperanza y de vencer el mal con la fuerza del Evangelio.
Cuando murió el Monse (como le decíamos) me sentí realmente huérfano, sin ese padre cercano que, no sé cómo, se las arreglaba para estar cerca de todos. Comenzaba el día muy temprano rezando ante el Sagrario, poniendo su oído en el Evangelio para después llevarlo al pueblo y escuchar sus dolores y sus gozos. Tenía una gran capacidad para acordarse de todos y hacerlos sentir como hijos queridos.
Se decía que cuando llegó a La Rioja por primera vez se vieron alpargatas en la Catedral, amaba profundamente a su diócesis y a su pueblo, dió la vida, literalmente por ellos con el estilo de Jesús.









