En el marco del festival Cristo Joven, integrantes de Magdala, de la comunidad Vida Nueva, compartieron su experiencia de anunciar a Jesús a través de la música, la danza y el teatro.
La historia de Magdala se inscribe en un camino comunitario que comenzó en el año 2000. Durante estos 26 años, distintas generaciones fueron formando parte de experiencias de servicio y evangelización a través del arte. Si bien la música estuvo presente desde los comienzos, hace tres años adoptaron el nombre de Magdala y renovaron su propuesta artística. Hoy, el grupo reúne también a familias enteras y distintas generaciones que encuentran en el arte una manera de poner sus dones al servicio de la fe. “Somos una gran familia y este es nuestro servicio: servir a Jesús desde la música, la danza y el arte”, expresaron.
Un arte que nace de la experiencia
Para Magdala, evangelizar a través del arte no consiste solamente en transmitir un mensaje, sino en compartir una experiencia de fe que primero busca ser vivida en comunidad. “Primero lo vivimos nosotros y después buscamos transmitirlo a los demás”, explicaron. La música, la danza y el teatro se convierten así en lenguajes capaces de acercar el Evangelio a las nuevas generaciones. En un contexto donde los jóvenes reciben constantemente múltiples mensajes, el grupo entiende el arte como una posibilidad de encuentro y anuncio.
María Magdalena como inspiración
El nombre elegido también expresa una identidad. Magdala hace referencia a María Magdalena, discípula de Jesús y anunciadora de la Resurrección, reconocida por la Iglesia como la “apóstol de los apóstoles”. Su figura inspira especialmente a quienes integran el grupo, donde varias mujeres tienen un papel central. “Ella, desde toda su humanidad, se puso al servicio de Jesús”, señalaron. Como María Magdalena, también ellos buscan poner lo recibido al servicio de otros: sus talentos, su creatividad y su deseo de anunciar a Cristo.
“Que se animen a transmitir a Jesús”
Desde Cristo Joven, Magdala dejó un mensaje para los jóvenes: animarse a descubrir aquello que cada uno puede ofrecer y ponerlo al servicio del Evangelio. “Así como nosotros lo hacemos desde el arte, la música, la danza o el teatro, cada uno puede encontrar su propia manera de anunciar a Jesús”, expresaron.
También invitaron a no tener miedo de buscar una transformación desde la fe y a confiar en el amor de Dios. “Hay un amor infinito que podemos encontrar en Dios”, afirmaron. En definitiva, la experiencia de Magdala recuerda que evangelizar también es poner los dones recibidos al servicio de los demás. Una canción, una danza, una obra de teatro o cualquier expresión artística pueden convertirse en un puente para que alguien se encuentre con Jesús.















