La séptima visita misionera y pastoral de San Nicolás de Bari al departamento Ángel V. Peñaloza se vivió como un profundo tiempo de bendición, consuelo y comunión diocesana. Encabezada por el obispo diocesano, monseñor Dante Braida, junto a la comitiva de custodios y agentes de pastoral, la peregrinación llevó la presencia del «Santo Moreno» a pueblos, parajes rurales y a lo alto de las Sierras de los Quinteros.
El itinerario comenzó en la Ermita donde fue martirizado el beato monseñor Enrique Angelelli, invocando la intercesión de los Beatos Mártires Riojanos antes de emprender el camino misionero por las distintas comunidades del departamento.
A lo largo de las cuatro jornadas, localidades como Punta de los Llanos, Alcázar, Bajo Verde, El Puerto, San Ramón, Carrizal, Las Aguaditas, Tama, Pacatala y Chila se vistieron de fiesta para recibir las imágenes patronales y la réplica de la Virgen del Rosario de Tama. Las calles ornamentadas, las agrupaciones gauchas a caballo y los altares comunitarios dieron marco a multitudinarias muestras de piedad popular.
Durante los encuentros, monseñor Braida celebró bautismos, la unción de los enfermos a ancianos y la confirmación de jóvenes y adultos, animándolos a poner sus carismas al servicio de todos: “La Iglesia es casa de todos; no se puede reducir a un grupo pequeño, sino que todos están invitados a poner a disposición sus dones y carismas dados por el Espíritu Santo al servicio de la comunidad”.
En cada lugar, la presencia del patrono dejó testimonios conmovedores de fe, sanación y gratitud popular. Juan Castro, heraldo y custodio de la imagen, destacó el impacto que causa ver la emoción de los vecinos y las promesas cumplidas por motivos de salud y trabajo: “Es emocionante ver las lágrimas de la gente grande del campo por tenerlo a San Nicolás, o de jóvenes que lo ven de cerca por primera vez. La gente se acerca a agradecerle por la salud de sus hijos o por la lluvia para sus animales”.
El paso del obispo y del patrono diocesano fue también ocasión para hacer memoria agradecida de la siembra evangelizadora en los Llanos. En Bajo Verde se entronizó un recuerdo en el antiguo rancho donde el beato Gabriel Longueville celebró la primera misa del poblado. En San Ramón, la entrega de una fotografía histórica de 1974 permitió a los propios vecinos reconocerse junto a Angelelli en la inauguración de un molino comunitario.
Asimismo, las instituciones educativas desempeñaron un rol protagónico. En parajes como Las Aguaditas, el obispo compartió el desayuno con alumnos y docentes que trabajaron la vida de los Mártires Riojanos, demostrando el arraigo de la enseñanza de tener «un oído en el pueblo y otro en el Evangelio».
Misión en las alturas y cercanía con los más vulnerables
El domingo, la comitiva emprendió el sinuoso camino hacia las Sierras de los Quinteros, llegando a lugares alejados como Pacatala, Las Huertas y el puesto «El Moyar» de la familia Luna, donde se celebró la fiesta patronal de Santa Rosa de Lima junto a las familias campesinas.
Monseñor Braida mantuvo además reuniones con las autoridades municipales, bendijo el Hospital Distrital, visitó a enfermos en sus hogares y compartió un encuentro deportivo con jóvenes de confirmación y agentes pastorales en Tama. En su mensaje final a la comunidad antes del regreso de la imagen a la Catedral, el obispo enfatizó la dimensión caritativa que debe caracterizar a la vida eclesial: “Es importante un templo bonito, pero lo es más que la Iglesia esté atenta a las necesidades de los hermanos que están solos, enfermos o que sufren”.


















