Inicio Iglesia 1-Iglesia en La Rioja Treinta años de fe: Las manos que acunaron el sueño de San...

Treinta años de fe: Las manos que acunaron el sueño de San Pantaleón

0
6

La historia de la Capilla San Pantaleón es, ante todo, la historia de un barrio que nació caminando junto. A fines de la década de 1980, con la entrega de las primeras viviendas en el barrio Las Ágaves, un grupo de vecinas y vecinos sintió la necesidad de contar con un espacio propio para la oración y el encuentro.

Hoy, a 30 años de aquellos primeros pasos, Carmen Contreras —pilar fundamental de la comunidad— recuerda cómo el trabajo mancomunado, la fe popular y el esfuerzo cotidiano permitieron levantar el templo en el terreno destinado a la capilla dentro del sector 5.

Los primeros gérmenes de la comunidad surgieron con la llegada de jóvenes de la Parroquia María Madre de la Iglesia para brindar catequesis, sumado al impulso de familias pioneras como la de «Chichi» Vega de Mareco. “Nos juntamos entre varios vecinos: las mujeres, Don Espeche, la Licha, Binanti, León, Castillo, Díaz, Herrera… De los otros sectores también aportaban para la materia prima y los beneficios”, relata Carmen. “Semana tras semana, todos los fines de semana hacíamos empanadas para juntar la platita. Don Nieto, que vendía pan donde hoy está el hogar San Juan Pablo II, fue de los más entusiastas”.

En aquellos primeros años de la década de 1990, la capilla dependía de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima. Las primeras misas y celebraciones se realizaban en el antiguo obrador del barrio. Allí, con manteles aportados por la familia Mareco y una sábana pintada por la esposa de Don Emilio Díaz que hacía de altar, la comunidad comenzó a reunirse. En 1996 se realizó la primera novena y procesión oficial.

La elección del patrono: el médico y mártir

La elección de San Pantaleón como santo patrono tiene una huella familiar y comunitaria. Carmen recuerda la conversación en la vereda con el Diácono «Pocho» cuando buscaban una advocación para el barrio:

“Mi mamá era muy devota de San Pantaleón. Pocho nos decía de poner un santo de devoción de la feligresía. Cuando le nombré a San Pantaleón, me dijo: ‘Ahí está, él es médico y es mártir también, es el patrono de los enfermos’. Con lo que juntábamos en las misas le dimos la plata a Pocho para que comprara la imagen y los vasos sagrados”.

Con el tiempo, la devoción se consolidó con la llegada de las Hermanas del Divino Maestro y el acompañamiento de sacerdotes como el Padre Miguel La Civita y el Padre Amiratti. Además, la gruta inicial a la Virgen María de Schönstatt fue erigida por las hermanas Cejas.

La construcción del templo definitivo comenzó formalmente en 1998. Gracias a donaciones del techo y al trabajo físico de los mismos vecinos —como los esposos de las familias Molina, Piculichi y Bati—, se comenzaron a cavar a mano los cimientos de la primera aula que funcionó como capilla. Años más tarde, con programas comunitarios, se concretó el alambrado perimetral.

La vida comunitaria también se alimentó de las tradiciones populares. Los tradicionales fogones al finalizar las fiestas patronales se convirtieron en un sello de identidad: “Los fogones nacieron de las comunidades. Posterior a la fiesta patronal y la misa, se buscaba a la gente del barrio para venir a cantar y bailar, compartiendo la alegría en comunidad”.

Tres décadas después, el testimonio de Carmen Contreras rinde homenaje a quienes ya no están y reafirma que la Capilla San Pantaleón se levantó con el cimiento más sólido: la fe y la solidaridad de su gente.