En el marco de la conmemoración de los 50 años del martirio de los Beatos Mártires Riojanos, compartimos los testimonios de religiosos que llegaron a Punta de los Llanos para encontrarse con una historia de fe, entrega y compromiso con el pueblo.
Sus palabras nos invitan a mantener viva la memoria de quienes dieron su vida por Cristo, por la justicia y por los más necesitados, y a descubrir en su testimonio un camino de esperanza para la Iglesia y para nuestra sociedad.
Hermana Cecilia – Hermanas de San Francisco de Sales (Salesias)
La Hermana Cecilia, de las Hermanas de San Francisco de Sales (Salesias), participó del Encuentro de Religiosos del NOA, que reunió a comunidades de Tucumán, Santiago del Estero y La Rioja. Sanjuanina de origen, actualmente desarrolla su misión en un hogar de niñas de Chilecito, donde procura acompañarlas con cariño y esperanza.
Su presencia en Punta de los Llanos adquiere para ella un significado muy especial. Desde la llegada de su congregación a Chilecito, en 2012, ha tenido la oportunidad de visitar en varias ocasiones este lugar santo. Esta es su cuarta vez en La Rioja y, según expresa, cada visita le permite acercarse nuevamente a una historia marcada por la fe y el testimonio.
“Es una emoción muy profunda”, comparte. Para ella, estar en esta tierra, regada con la sangre del Beato Enrique Angelelli, significa también valorar el testimonio de hombres de Dios que entregaron su vida por el pueblo.
En ese sentido, destaca especialmente una de las expresiones que identifican el compromiso pastoral de Mons. Angelelli: “Con un oído en el pueblo y otro en la Palabra de Dios.”
Al preguntarle, ¿cómo influye la pastoral de Mons. Angelelli en su congregación?
La Hermana Cecilia reconoce que la Palabra de Dios es nuestra fuerza y nos impulsa a ser parte del pueblo. Conocer la vida y el testimonio de Mons. Angelelli nos llena de orgullo y nos invita a estar cerca de la gente sencilla, compartiendo sus alegrías y dolores. También nos recuerda la injusticia sufrida en tiempos de dictadura, y nos anima a luchar por la justicia desde la oración y el servicio. Su legado es un vínculo vivo con la comunidad.
Finalmente nos comparte un mensaje para los jovenes: «Invito a vivir el presente con gratitud y esperanza, valorando el testimonio de nuestros mártires y de tantos adultos que dieron la vida por los demás. Ellos nos dejaron un legado evangélico inmenso, un tesoro para la Iglesia y para la sociedad. Que los jóvenes descubran en estos testigos un camino de entrega y amor verdadero.»

Fray Dante Ríos – Franciscano
El Hermano Dante Ríos es franciscano. Actualmente vive en Jujuy, aunque es oriundo de Salta. Su llegada a Punta de los Llanos representa una experiencia profundamente significativa, especialmente por su vínculo con la historia de los cuatro Mártires Riojanos y, de manera particular, con Fray Carlos de Dios Murias, franciscano como él.
Durante años conoció la historia de los mártires a través de lecturas y testimonios. Por eso, estar hoy presente en este lugar significa, en sus palabras, “compartir la vida una vez más”.
Siente que todo aquello que aprendió sobre los cuatro mártires adquiere ahora una dimensión concreta y profunda. Admira su entrega y su decisión de dar la vida por Cristo. Como franciscano, reconoce que esta experiencia fortalece su propio carisma y lo lleva a agradecer a Dios por haber regalado a la Iglesia estos testigos que, con su muerte y resurrección, continúan sembrando esperanza, vida y fe en el pueblo.
Al referirse a Fray Carlos de Dios Murias, destaca en él la esencia del carisma franciscano: la fraternidad y la minoridad. Su testimonio le recuerda la importancia de aceptar el acompañamiento y de comprender que, en el camino de la vida, es necesario sostenernos unos a otros, tanto en las alegrías como en las pruebas.
“De él aprendo la importancia de sentirnos hermanos y de caminar juntos”, expresa.
Para Fray Dante, también los otros tres mártires ofrecen una enseñanza fundamental. El obispo, el sacerdote francés, el franciscano y el laico representan la diversidad de la Iglesia, que se entrega desde distintos carismas, pero con un mismo amor a Jesús. En ellos reconoce el signo de una Iglesia que sirve y que está dispuesta a entregar la vida en misión.
Desde su experiencia en la Diócesis de Jujuy, también establece un vínculo con los Mártires del Zenta, cuyo testimonio recuerda como expresión de una Iglesia diversa y unida. Fueron veinte mártires, entre los que se encontraban un sacerdote, un religioso, mujeres, niños, miembros de comunidades originarias, un mulato, un negro y dos españoles.
Para él, esa diversidad refleja la universalidad de la Iglesia y permite reconocer que, a lo largo de la historia, el camino de la fe ha estado atravesado por dificultades y obstáculos. Sin embargo, aquellos testigos entregaron su vida por anunciar a Cristo.
Su deseo es que tanto el testimonio de los Mártires del Zenta como el de los Mártires Riojanos anime a la Iglesia a llevar a Jesús a todos, especialmente a los últimos y a quienes más lo necesitan.
Al finalizar, y al solicitarle un mensaje para los jóvenes, reconoce en ellos una energía que la Iglesia necesita y los considera protagonistas y esperanza de la fe. Los invita a buscar espacios dentro de la Iglesia y, si no los encuentran, a animarse a crearlos. “Hay comunidades que los recibirán con amor”, afirma.
Menciona, como ejemplo, la experiencia de los Hogares de Cristo, donde muchos jóvenes que atraviesan situaciones de consumo de drogas pueden encontrar esperanza, vida y contención. Para Fray Dante, la Iglesia tiene el desafío de ofrecerles un lugar y un camino.
Su mensaje final es también una invitación a toda la comunidad: dejar que los jóvenes impulsen a la Iglesia a despertar, a abrir espacios y a reconocerlos como protagonistas del Reino de Dios.

Agradecemos a Hermana Cecilia y de Fray Dante por sus palabras y por ayudarnos, con su testimonio, a mantener viva la memoria de nuestros mártires.










