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Quique, el chango del Pelado nos cuenta lo que vivió hace 50 años

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Quique es hoy monseñor Martínez, obispo auxiliar de Santiago del Estero, el Pelado es Monseñor Angelelli. Chango es el modo en que los llamaba a él y a otros seminaristas, y ellos le decían Monse y cuando estaban en algún momento de más cercanía, como un asado o una mateada, directamente lo llamaban Pelado. 

El padre Quique, en el día de los 50 años del asesinato de Angelelli nos cuenta, desde su corazón lo que vivió y sintió.

Fueron muchas las lágrimas derramadas, el misterio del dolor, de la muerte, la pérdida del padre, del pastor, del amigo, del confidente, del hombre que inspiraba también las ganas de ser cura, por todos los que nos enseñó, la incertidumbre ante el futuro también.

Monseñor Enrique Martínez

Estaba en Buenos Aires estudiando en el Colegio Máximo y cuidado por Bergoglo quien era el superior, a nosotros también nos amenazaban. Vine al sepelio. Estuve en el sepelio. Y después del sepelio, lo fui a visitar a Arturo Pinto, su acompañañnte en el atentado que estaba en un hospital de Córdoba. Fray Antonio Pujané estaba cuidándolo. Y me dice,» todavía no sabe Pinto que ha muerto en Angelelli, así que vos distraelo» Pinto me preguntó cómo estaba yo le dije «supongo que está en La Rioja» y me preguntó «¿por qué estás aquí?» Le contesté «porque se me está muriendo una tía». Me preguntó de nuevo por Angelelliy le dije, «no sé, está en La Rioja, supongo que está bien. Yo me enteré que vos estabas acá accidentado, entonces vine a verte».

Cuando salgo el hermano me dice ¿usted tiene conocidos acá en el obispado de Córdoba? le dije que sí y me contó que la policía lo había venido a buscar. Me fui al obispado a buscar a monseñr Rubiolo y me encuentro con Monseñor Miani quien me dijo que Rubiolo había sido designado administrador de La Rioja. Rubiolo me prometió ayudar a Pinto y solo se hablada de que había sido un accidente.

Yo dudaba que fuera accidente. Después, más serenamente y viéndolo, inclusive viendo el primer documento de la actuación judicial, veo que había errores que eran insalvables. O sea, los vidrios rotos antes del vuelco. ¿Cómo se pueden romper los vidrios antes del vuelco? Después la pose de Angelelli. Qué muerto que es despedido queda con los brazos abiertos, los pies juntos. Después vi que faltaba piel en los talones. Y estaban rotas las medias en los talones. Eso es producto de haberlo arrastrado. Los dos zapatos de Angelelli estaban arrojados como quien toma un par de zapatos los toma en la mano y los saca y los tira. Cuando uno tiene un accidente un vuelco se desparraman todas las cosas Esto estaba todo muy acomodado Entonces yo decía siempre «ha sido un asesinato».

Lo que siento en mi corazón yo lo resumo en una frase del Salmo: «Los que siembran entre lágrimas cantando cosecharán» El dolor se ha transformado en nostalgia, sí, pero en alegría también por todo lo que genera. Veo chicos quehablan enamorados de la causa de Angeleli. Se cumple la profecía del mártir Carlitos Murias podrán callar la voz de Angelelli, podrán callar la voz de este cura, pero no podrán callar la voz del Evangelio.

Carlos, Gabriel, Wenceslado y Enrique nos hablan todavía. Son palabras de Dios. Y miro todo esto con esperanza, como fruto de una patria mejor, de un país mejor, de gente mejor también con la Argentina de todos, con todos y para todos.