En un clima de profunda emoción, fe y alegría comunitaria, la Iglesia Catedral de La Rioja albergó la celebración central al cumplirse 50 años del homicidio y martirio de monseñor Enrique Angelelli. La ceremonia, que coincidió con la festividad de San Juan María Vianney y el Día del Sacerdote, reunió a cientos de fieles que colmaron el templo diocesano para homenajear a los Beatos Mártires Riojanos y revivir una historia de fe y entrega que mantiene intacta su vigencia.
La Eucaristía estuvo presidida por el obispo de La Rioja, Mons. Dante Braida, y contó con la destacada presencia de concelebrantes de la región del NOA: Mons. Vicente Bokalic (obispo de Santiago del Estero), Mons. Mario Cargnello (arzobispo de Salta), Mons. Roberto Ferrari (obispo auxiliar de Tucumán), Mons. José Díaz (obispo de Concepción de Tucumán), Mons. Enrique «Quique» Martínez (obispo auxiliar de Santiago del Estero), Mons. José Luis Corral (obispo de Añatuya, Santiago del Estero), Mons. Luis Scozzina (obispo de Orán) y Mons. Claudio Castricone (obispo coadjutor de Orán, Salta).
Como una guía permanente para la Iglesia local, el ejemplo de los mártires forma parte de las líneas pastorales que la diócesis presentó en marzo de este año. Con ellas, la comunidad renueva su compromiso de ser una Iglesia cercana a la gente, unida y dedicada a la oración.
Durante la homilía, el obispo diocesano, monseñor Dante Braida, dirigió un mensaje centrado en la vocación a la santidad cotidiana y en la responsabilidad compartida de todos los bautizados.
“Los Mártires Riojanos son un signo claro de que la santidad se vive en la vida cotidiana y en todas las vocaciones, y ellas caminando juntas, enriqueciéndose mutuamente y al servicio una de otra”, destacó el prelado ante una asamblea que acompañó sus palabras con escucha atenta y en una marcada actitud de oración.
En ese mismo sentido, la prédica enfatizó que la tarea de anunciar el Evangelio no es potestad de unos pocos, sino un compromiso comunitario orientado hacia las realidades más difíciles: “Todos somos corresponsables de la misión de la Iglesia y ella está en el mundo para el servicio de la humanidad, de modo preferencial a los más pobres y quienes viven en las periferias”.
Al abordar los caminos para consolidar una comunidad sinodal, el obispo remarcó la necesidad de trabajar dos dimensiones claves del crecimiento espiritual y comunitario: “Para ser artífices de una iglesia sinodal y misionera y de una sociedad mejor, más justa e inclusiva necesitamos crecer en dos aspectos fundamentales: cultivar la vida interior que me una más a Dios y me permita una conversión profunda; y favorecer la vida fraterna, caminar con otros, también con el que más me cuesta”.
La celebración litúrgica se caracterizó por una activa y alegre participación de los fieles. Los cantos de alabanza, las muestras de afecto y los cálidos abrazos durante el saludo de la paz le dieron un tono festivo a la jornada, alcanzando su punto más alto cuando la asamblea expresó en fervientes aplausos al momento en que el coro interpretó el himno dedicado a los Beatos Mártires.
Tras recibir la bendición final, el obispo junto a los concelebrantes y la comunidad presente se trasladaron hacia la tumba donde descansan los restos de monseñor Angelelli. En ese sector del templo elevaron una oración conjunta por los mártires riojanos.
Al término de la misa, lejos de cualquier mirada nostálgica, la comunidad se despidió entre abrazos, saludos fraternos y un renovado entusiasmo por continuar la tarea evangelizadora en las circunstancias actuales. De fondo, resonaron las estrofas del histórico tema «Hay que seguir andando nomás«, ratificando el espíritu de una Iglesia riojana que renueva día a día su compromiso de fe y servicio.


















