Fuente: Vatican News
En el pequeño mundo que es el Estado de la Ciudad del Vaticano están los empleados y luego están las instituciones. Es decir, aquellas personas de las que ni siquiera hace falta decir el apellido o la oficina en la que trabajan, porque todo el mundo sabe de quién se trata. Orietta es una de ellas.
«Para ayudar a los demás no hace falta tener un cargo, sino simplemente mucho amor, y nada más»
Orietta Ferretti, responsable de la Peregrinatio ad Petri Sedem, por completar la información para los poquísimos que en los últimos 47 años nunca se hayan topado con esa voz agradable y vivaz que, al otro lado del teléfono, anunciaba: «Billete hecho, todo bien». Y que después, con una pregunta o una curiosidad, entretenía a su interlocutor para charlar un poco más, conocerlo mejor, comprender sus necesidades, compartir alguna historia o algún recuerdo.
«Bueno, es que yo soy muy habladora…», bromea Orietta con los medios vaticanos. Ella es la mujer gracias a la cual han volado por Italia y por el extranjero cardenales, obispos, monseñores, gendarmes, periodistas y, sobre todo, los Papas. Cuatro, para ser exactos, desde Juan Pablo II hasta León XIV, quien quiso recibirla en privado hace unos días para darle personalmente las gracias.
«Fue realmente una emoción muy grande. Solo hablé yo, porque hablo mucho. Le dije que en estos tres viajes había evolucionado muchísimo, también en su manera de relacionarse con las personas. Que había mucho amor».
Una avalancha de mensajes y llamadas
«Amor» es la palabra que Orietta repite con más frecuencia cuando habla, además de ser la esencia de su trabajo. «He dedicado toda mi vida a la Santa Sede, y siempre lo he hecho con pasión, con mucho amor».
Y de amor, además de muestras de estima y gratitud, está recibiendo una auténtica avalancha esta mujer romana, siempre elegante y en forma -quizá gracias a sus muchos años como jugadora de baloncesto y, durante un tiempo, también en el equipo femenino de fútbol del Vaticano-, siempre aguda en sus observaciones y ocurrencias.
Desde hace días, desde que se extendió la noticia de que hoy, martes 21 de julio, que además coincide con su 66º cumpleaños, es su último día de trabajo y que a partir de mañana estará jubilada, no han dejado de llegarle SMS, correos electrónicos, llamadas telefónicas y mensajes escritos y de voz.
«Pero ¿cómo? ¿Orietta? ¿Y ahora qué hacemos?», se escucha decir por los pasillos de las oficinas y los Dicasterios.
Ella sonríe porque ya sabe bien lo ocupada que estará a partir de ahora:
«Seré la hija de dos padres estupendos, de 93 y 90 años. Seré la esposa de mi marido, que está contento de que por fin pueda pasar un poco más de tiempo con él. Seré la madre de mis dos hijas y la abuela de dos gemelitas que nacieron hace catorce meses y de otro niño que nacerá en diciembre».
Con el ordenador siempre encendido
Todo muy bonito, pero ciertamente -lo reconoce la propia Orietta- al principio echará de












