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Alegría y esperanza en Bajo de Luca: “Los mártires nos ayudan a colocarnos del lado ético de la historia”

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En el marco de los 50 años del martirio de los beatos Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, cientos de peregrinos participaron, el sábado pasado, de la tradicional caminata desde la capilla El Salvador, en Chamical, hasta la ermita de Bajo de Luca. El trayecto se vivió con un marcado clima de alegría pascual, llevando la cruz martirial y las reliquias de los cuatro mártires riojanos que, al arribar al lugar donde ambos frailes fueron asesinados el 18 de julio de 1976, quedaron entronizadas para la veneración de la comunidad.

La Santa Misa posterior fue presidida por el obispo de La Rioja, monseñor Dante Braida, y contó con la emotiva presencia de la hermana del beato Carlos de Dios Murias y la sobrina del beato Gabriel Longueville, quien viajó especialmente desde Francia junto a su familia para sumarse a la conmemoración.

La homilía estuvo a cargo de fray Carlos Alberto Trovarelli, ministro general de la Orden de Frailes Menores Conventuales, quien brindó una prédica centrada en la conversión, el testimonio de la fe y el llamado a sanar la memoria eclesial. Al iniciar su reflexión, expresó su profunda emoción y gratitud a monseñor Braida, al párroco de Chamical —padre Gustavo— y a toda la comunidad diocesana.

Al abordar el sentido profundo del martirio, fray Trovarelli distinguió el éxito mundano del triunfo pascual: “Estamos aquí para celebrar a nuestros beatos mártires riojanos, especialmente al Padre Gabriel Longueville y a Fray Carlos de Dios Murias. En ellos y en sus testimonios de vida celebramos la victoria del Evangelio de Jesús; la victoria de quienes han querido vivir al modo de Cristo. La victoria, sabemos bien, no significa un éxito humano sobre alguien. El modo de Jesús tiene una dinámica totalmente contraria: es un entregar la vida para que otros tengan vida en abundancia”.

Citando la cita bíblica de Mateo (“Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes a causa de mi nombre”), el fraile recordó que los mártires bebieron de ese cáliz para ofrecer una vida plena a los preferidos del Señor: los pobres, los humildes de corazón, los marginados y el pueblo simple y fiel de La Rioja. «Es sano y es nuestra responsabilidad hacer memoria. 50 años atrás, dejaban su sangre en estas tierras porque quisieron ser testigos de la nueva humanidad de Jesús, luz en medio de las tinieblas», remarcó.

Un pastor con olor a oveja y un joven apasionado por la justicia

Al repasar las cartas y prédicas de la causa de beatificación, el Ministro General invitó a redescubrir la mística concreta de ambos beatos como un modelo de santidad accesible para el tiempo actual.

Sobre el Padre Gabriel Longueville, destacó su viva anticipación de la sinodalidad y su caridad transformadora: “Gabriel reveló el alma de un pastor profundamente comprometido con la realidad social, con una espiritualidad de la encarnación. Demostró trazos claros de sinodalidad: nunca se consideró el centro de la comunidad, supo escuchar y trabajar en equipo junto a las religiosas, laicos y Fray Carlos. Las cartas nos devuelven la imagen de un pastor con olor a oveja, que unía una enorme ternura por el pueblo humilde con una mente sumamente lúcida para descifrar las economías injustas y el poder opresor. Gabriel no separaba la fe de Jesucristo de la promoción de la dignidad humana: no quería que la gente dependiera de la caridad, sino que recuperara el trabajo y la dignidad. Se enamoró de Chamical y se hizo riojano con los riojanos; fue un artesano que combatía la pobreza con la pala, el cemento, la mente y el corazón”.

Al evocar a Fray Carlos de Dios Murias, Trovarelli compartió pasajes de su juventud, su infancia libre en las sierras y la entrañable utopía que de niño compartía con su hermana al contemplar las estrellas y soñar con ayudar a los desprotegidos:

Carlos fue una persona muy libre, de corazón musical, mente brillante y pensamientos llenos de utopía. En su hogar aprendió la generosidad a corazón abierto y el rechazo a la injusticia. Aun estudiando carreras científicas, su mesa estaba llena de libros de filosofía porque gustaba pensar con sentido crítico. Al conocer a monseñor Angelelli en Córdoba, sumó sus veranos a la pastoral del Concilio Vaticano II. Carlos vio el Evangelio no como una espiritualidad intimista, sino como un llamado a la conversión personal y a la transformación de las estructuras injustas, desde la comunión eclesial y rechazando cualquier tipo de violencia. Creyó firmemente que la fe no puede ser cómplice de ninguna injusticia”.

«Tanto Carlos como Gabriel mantuvieron el corazón en Jesús y los pies en el barro de la historia. Ellos no buscaron el martirio: buscaron amar hasta el extremo y desgastarse para que los más pequeños vivan con dignidad», sintetizó el predicador.

En el tramo final de su homilía, fray Trovarelli transformó la memoria histórica en una interpelación viva y misionera para los jóvenes y adultos presentes: “Los Beatos Mártires nos impulsan ahora a llevar una vida auténtica, a vivir en la verdad y no en la apariencia o el engaño. Nos enseñan a no vivir en la distracción, sino a hacer rehabitar nuestra vida en torno a los valores del Evangelio, que son firmes como una roca enraizada en el hombre nuevo que es Cristo. Cada época tiene sus dolores. Los mártires nos ayudan siempre a colocarnos del lado ético de la historia. Pidamos a ellos la gracia de enseñar a los más jóvenes a no ser indiferentes ni callar ante el bien, ante la exclusión, ante la mentira o ante el poder insaciable. Que el amor de entrega al modo de Jesús sea el sentido de esta celebración y de toda nuestra vida”.

Gestos de fraternidad y el envío a Sañogasta

Concluida la Eucaristía, la sobrina de Gabriel Longueville compartió un emotivo mensaje de agradecimiento a la comunidad riojana por el cariño de cinco décadas. Posteriormente, religiosas que misionaron en Chamical en la década del 70 leyeron una emotiva carta enviada por una de las hermanas de aquella histórica comunidad pastoral.

En un gesto de honda continuidad evangelizadora, la cruz martirial fue entregada solemnemente a jóvenes de la comunidad de Sañogasta, donde iniciará una peregrinación comunitaria hasta la conmemoración del martirio del beato Wenceslao Pedernera. En tanto, las reliquias de los mártires quedaron entronizadas en la gruta de Bajo de Luca para el rezo y la veneración continua de los fieles. La jornada culminó con la bendición de un monumento conmemorativo por los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, momento litúrgico encabezado por el obispo Dante Braida junto a fray Carlos Alberto Trovarelli.