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Treinta años de camino comunitario: rostros que mantienen viva la memoria de los mártires

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En el marco de la celebración central por el Jubileo de los Mártires Riojanos en Punta de los Llanos, una profunda muestra de fe volvió a reunir a miles de peregrinos no solo de la Provincia de La Rioja sino del país y de Italia y Francia. Entre la multitud, los testimonios de María Elena y Ramona, pertenecientes a la Parroquia Espíritu Santo, reflejaron la fuerza de una vocación comunitaria que nació en las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) y que se renueva año tras año.

María Elena y Ramona

Ambas mujeres compartieron la emotividad de regresar a este paraje llanisto para celebrar la memoria del obispo y de los beatos mártires, llevando consigo un compromiso que, según expresaron, llevan grabado en la sangre. Para María Elena, el vínculo con la memoria martirial tiene una huella directa en su propia historia de fe: “Hace 33 años que trabajo en comunidad, empecé como comunidad eclesial de base. Conocí al obispo Angelelli, me confirmó, tengo eso tan lindo y poderlo llevar. Todo esto lo llevo en la sangre”.

Consultada sobre la responsabilidad de transmitir esa vivencia a las nuevas generaciones, remarcó el sentido de entrega que caracteriza a la pastoral de base: “Transmito siempre que puedo en mi comunidad porque las comunidades que hemos conocido esto de base sabemos que nuestro trabajo es comprometido”.

Por su parte, Ramona, quien integra la comunidad María Madre de la Iglesia dentro de la misma jurisdicción parroquial, destacó la significación de mantener la presencia en Punta de los Llanos: “Vengo todos los años, hace bastantes años, me mueve mucho esto de monseñor Angelelli, los mártires. Yo nací en una comunidad eclesial de base y venimos y me llevo lo mejor, como siempre. Me gusta participar mucho en esto de la homilía; estar presente siempre es algo muy emotivo”.

Al reflexionar sobre el año jubilar a 50 años del martirio, ambas coincidieron en la alegría y el aprendizaje que se llevan para volcar en sus barrios y familias. “Me llevo la alegría de saber que en estos 50 años de martirio todavía siguen presentes, como un lema que teníamos en la comunidad: podrán matar al obispo, pero no van a matar la palabra de Dios y el Evangelio en los que quedamos, para que podamos transmitirlo con valentía desde nuestra familia, desde nuestra casa y a nuestras comunidades”, expresó María Elena.

Ramona completó esa mirada destacando el enriquecimiento personal y pastoral que significa cada peregrinación: “Me llevo el corazón lleno de alegría, mucha experiencia de todo esto que cada vez uno como comunidad va aprendiendo. En la comunidad María Madre de la Iglesia estoy trabajando, así que es algo muy hermoso que año a año uno se lleva algún aprendizaje nuevo”.

Los testimonios de María Elena y Ramona reafirman que el paso de las décadas no debilita la memoria del pueblo riojano, sino que la arraiga con más fuerza en la vida cotidiana. De regreso a sus comunidades parroquiales, su fidelidad da cuenta de que la siembra de Angelelli y sus compañeros mártires sigue dando frutos en cada hogar y en cada barrio.