Marilé falleció hoy sábado 8 de agosto. Dueña de un cariño especial de su tío Enrique y de hermosos recuerdos de él que con generosidad compartía.
Fuente: Radio María
De muy bajo perfil y gran simpatía, tenía un hijo y dos nietos. Aquí algunas de las expresiones sobre su tío Enrique:

«Lo primero que quiero destacar, es al sacerdote que había en él, después la alegría, la humildad, la austeridad, la simpleza, o sea el valor de lo común, de lo simple”. “Y nos enseñó a no juzgar, no es cuestión de juzgar, es cuestión de entender”
Por su historia de vida, con sus padres separados, ella sin poder perdonar a su padre, Marilé encontró en su tío la respuesta, No juzgar: “Y todo el camino que recorrí junto a mi tío y junto a mis nonos, que me enseñaron tanto, no podía sentir eso, agaché la cabeza, le pedí perdón a Dios y más adelante logré reconciliarme con mi padre”. Otra de las cualidades que trajo a la memoria Marilé, fue la gran confianza que tenía Monseñor Angelelli en la Providencia de Dios: “Dios proveerá», decía el tío.
“Nosotros sabíamos que a la mañana él estaba en un reclinatorio, en su cuarto, rezando y a la tarde rezábamos con él, el Ángelus y después lo veíamos, lo veo actualmente, en una galería larga que teníamos, a él con el breviario”. “Siempre me llamaba la atención la profundidad del tío, porque él borraba todo lo que había a su alrededor y estaba el sacerdote ahí».
Marilé, recordó la situación social del momento en que murió su tío, Monseñor Angelelli: “No se podía hablar desde lo institucional del asesinato de Angelelli, sino del accidente, cuando un pueblo entero gritó en La Rioja que era un asesinato”, dijo Marilé.
“Yo sabía de las persecuciones del tío, porque el tío me lo contaba, éramos muy unidos, me encargó hasta los nonos, él sabía que lo mataban, o sea sabía de las persecuciones, sabía de cómo lo habían difamado, de cómo lo habían apedreado allá en Anillaco, y jamás una queja, jamás perdió la alegría”,
“Dar la vida por los demás no es fácil”

Más personalmente Marilé contaba que su tío Enrique la casó y, en ausencia de su padre, fue a la vez su padrino. Era un tío alegre, chistoso, nos malcriaba, nos defendía cuando (con razón) nuestra madre nos retaba por alguna travesura.
Siempre fue muy cercano y disfrutaba de estar con su familia y aún después de asesinado se siente su presencia.









