Los corazones jóvenes del Noroeste Argentino volvieron a sintonizar en una misma frecuencia de fraternidad, esperanza y fe profunda. Los pasados días 15 y 16 de agosto, la Diócesis de Añatuya se convirtió en el hogar y punto de encuentro para la 3.ª Comisión Regional del NOA de Pastoral de Juventud. Bajo el lema “Se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén”, coordinadores, asesores y jóvenes de diversas provincias se congregaron para compartir la vida, rezar juntos y comenzar a delinear los horizontes de un sueño grande que ya empieza a caminar.
El encuentro contó con la presencia y cercanía de delegaciones de Santiago del Estero, Salta, Catamarca, Jujuy, Concepción, Tucumán, la comunidad anfitriona de Añatuya y de la Diócesis de La Rioja. Estuvieron acompañados por sus asesores diocesanos y por el obispo de La Rioja, monseñor Dante Gustavo Braida, quien camina junto a la juventud de la región en su rol de obispo asesor del NOA.
La jornada se inició abriendo el corazón al encuentro a través de la oración. No fue simplemente una reunión de planificación; fue un espacio para reconocerse peregrinos y poner en común los anhelos, expectativas e inquietudes que cada uno traía desde su pedacito de tierra. En Añatuya, el encuentro fraterno se hizo vida no solo en las reuniones de trabajo, sino en la calidez de las charlas, en las risas compartidas, las dinámicas de juego y las comidas que unieron las mesas.
Uno de los motivos que nos congregó en Añatuya el fin de semana fue la mirada hacia el futuro. La región se prepara para vivir un hito histórico: el próximo Encuentro Regional de Jóvenes, que tendrá lugar en Añatuya en abril de 2027. Este acontecimiento se siente como un auténtico «nuevo comienzo», ya que las memorias de encuentros similares se remontan a casi cuatro décadas atrás.
Para Maximiliano Santillán, oriundo de Tintina, asesor diocesano y coordinador de la Pastoral de Juventud del NOA, este encuentro no es una mera fecha en el calendario o un evento más, sino una oportunidad de transformación profunda. Al ser consultado sobre el horizonte que visualiza, Maximiliano expresó un deseo que resuena con fuerza en toda nuestra Iglesia: “Sueño con una Iglesia en salida y abierta para todos y todas”. Su anhelo abraza especialmente a los jóvenes de cada rincón de nuestras diócesis, en particular a quienes transitan realidades de marginación, dolor, enfermedad o adicciones y aún no conocen de Jesús.
Que la voz de la juventud tenga su lugar en el corazón de la Iglesia
Durante los espacios de discernimiento y trabajo grupal del domingo, los jóvenes se distribuyeron para proyectar los procesos previos y posteriores al encuentro de 2027. Eliana Alarcón, de la Diócesis de Concepción e integrante de la coordinación regional, puso el acento en un aspecto clave para la pastoral de hoy: el «después». ¿Cómo regresamos a nuestras comunidades? ¿Cómo se sostiene en el tiempo el fuego encendido?
Para Eliana, la verdadera misión es asegurar que cada joven descubra que tiene un lugar, una palabra valiosa y una voz viva dentro de la Iglesia. Muchas veces los propios jóvenes dudan del valor de su palabra, pero es en estos espacios de comunión regional donde se experimenta la belleza de caminar todos juntos, construyendo una Iglesia con los jóvenes y no solo para ellos.
Sostener el camino en los pies de Jesús y de la comunidad
El latir de estos dos días encontró su fuente y su descanso en la fe compartida. El sábado por la tarde, se pudo vivir la alegría de unirse a la comunidad de Añatuya en su Catedral para celebrar las fiestas patronales, sintiendo el calor de una Iglesia local que nos abrió las puertas con inmensa generosidad.
La jornada del sábado culminó con un íntimo y profundo espacio de adoración eucarística. Frente a Jesús Sacramentado, los jóvenes entregaron sus realidades, sus fatigas y el gran sueño de la Pastoral de Juventud del NOA. Inclusive el trabajo del domingo también fue llevado al altar, sabiendo que toda planificación pastoral tiene sentido cuando se nutre de la fe que une y fortalece.
Regresar a casa con el corazón encendido
La 3.ª Comisión Regional llegó a su fin, pero el verdadero envío recién comienza. Cada coordinador, asesor y joven regresó a su diócesis con la misión de ser portadores de esperanza, animar a sus comunidades y comenzar a preparar el corazón de los jóvenes para el próximo encuentro regional.
Al igual que los discípulos de Emaús, que tras reconocer a Jesús se pusieron en camino de regreso a Jerusalén, nuestros jóvenes vuelven a sus hogares habitados por una maravillosa certeza: vale la pena seguir soñando una Iglesia joven, cercana, abierta y capaz de caminar con todos.













