Con motivo del Día Internacional de Concientización sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, Cáritas Argentina y el Área de Ecología Integral de la Comisión Episcopal de Pastoral Social difundieron un mensaje que interpela sobre la paradoja del descarte en un contexto donde millones de personas enfrentan dificultades para acceder a una nutrición adecuada.
Bajo el lema evangélico “Tuve hambre y ustedes me dieron de comer” (Mt 25, 35), el documento expone cifras que grafican la magnitud de la problemática en el país. En Argentina se pierden y desperdician cerca de 16 millones de toneladas de alimentos al año. Como contraparte, durante 2025 se registraron poco más de 20,5 millones de kilos de alimentos rescatados, lo que equivale a unos 61,6 millones de platos servidos en las mesas de quienes más lo necesitan.
El comunicado enfatiza que detrás de las estadísticas existen realidades concretas: personas, familias y el trabajo de productores y trabajadores de la tierra. Al desperdiciar un alimento, argumentan desde la Pastoral Social, no solo se desecha la comida, sino también los recursos naturales —agua, tierra, energía—, el esfuerzo humano, el transporte y la inversión económica que hicieron posible su producción.
“El desperdicio de alimentos no explica por sí solo el hambre, que tiene causas económicas, sociales y estructurales mucho más complejas. Pero tampoco podemos permanecer indiferentes frente a esta contradicción. No es solo una cuestión ambiental; es una cuestión social, económica, humana y también espiritual”, expresó el texto de Pastoral Social.
Citando la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, el texto recuerda que la justicia social exige revisar las estructuras de convivencia e invita a priorizar a los sectores en mayor vulnerabilidad desde la perspectiva del bien común, la solidaridad y el cuidado de la Creación.
La declaración invita a realizar un cambio de paradigma en la vida cotidiana y en las dinámicas institucionales, pasando de la pregunta “¿qué hacemos con lo que sobra?” a “¿qué podemos hacer para que sobre menos?”. En ese sentido, se apela a la corresponsabilidad de todos los actores sociales: empresas, mercados, productores, universidades, organizaciones comunitarias, el Estado, los medios de comunicación y los consumidores particulares.
Haciendo eco de la intervención del Papa León XIV ante la Conferencia de la FAO, el documento concluye remarcando que producir alimentos no es suficiente si no se garantiza la existencia de sistemas alimentarios sostenibles, accesibles y saludables para toda la población: “Que ningún alimento sea descartado antes de haber preguntado qué podemos hacer con él. Y que ninguna persona, organización, empresa, comunidad o institución piense que este problema le corresponde solamente a otro. La comida que se pierde nos interpela a todos”.











