Cada 19 de agosto, la Iglesia riojana celebra en su calendario la memoria litúrgica del Beato Gregorio Martos Muñoz, presbítero y mártir nacido en Chilecito. Para esta fecha, el Servicio Litúrgico Diocesano propone una oración colecta que resume el sentido de su vida y pide a la comunidad la gracia de “confesar la fe con fortaleza de palabra y de obra”, tal como él lo hizo hasta dar la vida.
Gregorio nació en la ciudad de Chilecito el 3 de abril de 1908 y fue bautizado a los pocos días en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. Sus padres, piadosos labradores españoles que habían emigrado a la Argentina en busca de futuro, decidieron retornar a su patria cuando él tenía diez años.
Guiado por el ejemplo y la piedad de su familia, ingresó al Seminario de Granada. Su entusiasmo por el Evangelio lo llevó a concluir los estudios antes de lo previsto y, tras ser ordenado sacerdote, fue destinado a la localidad de El Ejido, en Almería.
Aunque su ministerio duró apenas tres años, dejó una huella profunda por su entrega sin reservas hacia las familias más vulnerables. Vivía con marcada austeridad, rechazó la herencia de sus padres y se negaba a cobrar estipendios o aranceles por los sacramentos a quienes no tenían medios, a quienes además solía invitar a compartir su mesa.
En julio de 1936, al desatarse la persecución religiosa en el contexto de la Guerra Civil Española, fue detenido y encarcelado en distintas prisiones de la región. Durante su cautiverio mantuvo una actitud de profunda valentía: cuando lo presionaron para que profanara una medalla de la Virgen María, prefirió tragársela antes que faltarle el respeto a la Madre de Dios.
El 19 de agosto de 1936, a los 28 años, fue llevado a la Albufera de Adra para ser ejecutado. En sus últimos minutos demostró su corazón pastoral pidiendo morir en primer lugar, con el único objetivo de poder impartir la absolución sacramental a sus compañeros de cautiverio.
Gregorio Martos Muñoz fue beatificado el 25 de marzo de 2017 en Aguadulce (Almería) junto a otros 114 mártires.
Hoy, la comunidad diocesana de La Rioja recuerda su figura en la liturgia y en la oración compartida, renovando el pedido de su oración colecta: que su ejemplo e intercesión sostengan a los fieles para testimonio de fe, valentía y caridad cotidiana.










