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“Organizar la esperanza”: las calles de la ciudad se unieron en una caminata por los 50 años del martirio de Angelelli

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Al cumplirse 50 años del martirio de monseñor Enrique Angelelli, la capital riojana fue escenario de una concurrida caminata conmemorativa que unió la Plaza de la Memoria con la Iglesia Catedral. A través de varias estaciones, los participantes rezaron, recordaron la historia y actualizaron el legado del beato y sus compañeros mártires.

Frente al Colegio Industrial, el movimiento Misioneros de Francisco recordó a Fray Carlos Bustos, capuchino desaparecido durante la dictadura. En la parada, resaltaron la entrega de los sacerdotes por la dignidad humana y abordaron las problemáticas actuales: “Desaparecieron por lo mismo que mataron a Carlos, Gabriel, Wenceslao y Monseñor Angelelli: por defender la vida digna de los hijos de Dios. Hoy las adicciones son la nueva forma de desaparición que sufren nuestros jóvenes en los barrios; la droga destruye la identidad, el futuro y las familias. Por eso, recordar a nuestros mártires nos da la oportunidad de luchar y continuar caminando”.

Frente al juzgado donde funcionó el Tribunal Oral Federal, se rememoró la conformación de “El Diario del Juicio”, publicación que acompañó con rigor las audiencias por el asesinato de Angelelli: “Sentimos la decisión de poner lo que estaba a nuestro alcance para que se haga justicia. Fue algo sencillo y profundo de servicio, solidaridad y encuentro. Porque la comunicación es un derecho, porque la memoria nos alumbra y nos guía, y porque nuestro pueblo no olvida y exige verdad y justicia”.

Durante el recorrido, la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) reflexionó sobre el camino de la fraternidad a través de la metáfora de la semilla:

“Una semilla depositada en la tierra parece desaparecer, pero allí comienza una vida nueva. El primer fruto es el de la fe, presente en las familias campesinas; el segundo es el de la organización en los barrios populares. Si los mártires se hicieran presentes hoy, no estarían en los palacios: estarían bajo la sombra de un árbol, tomando mate, uniendo un pan y, con el Evangelio en la mano, organizando la esperanza y el amor en el pueblo olvidado”.

Frente a la Comisaría Primera, la fundación «Vamos a Andar» compartió la reflexión central basada en las Bienaventuranzas y la necesidad de conversión interior: “Jesús nos decía: felices los que tienen alma de pobre y los perseguidos por practicar la justicia. El camino del Evangelio es un camino para la felicidad. Para ser artífices de una Iglesia sinodal y de una sociedad más justa, necesitamos cultivar la vida interior que nos una más a Dios a través de la oración, y favorecer la vida fraterna. La fraternidad implica también perdonar y pedir perdón para sanar las heridas y superar las divisiones”.

La caminata concluyó en las puertas de la Catedral, donde los fieles ingresaron para participar de la celebración por el aniversario de Angelelli.