El nuevo sacerdote es Fabián Vega Oliva, oriundo de Guandacol
La celebración tuvo lugar el viernes por la noche en el Santuario de San Nicolás, Iglesia Catedral de la ciudad de La Rioja, y fue presidida por el obispo diocesano Dante Braida, acompañado por la mayoría de los sacerdotes del clero local, diáconos, religiosas, seminaristas y numerosos fieles que colmaron el templo para acompañar este acontecimiento tan significativo para la diócesis.
Entre los presentes también se encontraba el sacerdote Héctor Montiel, quien ese mismo viernes recibió el título de licenciado en Teología y Religiones Comparadas, en una jornada especial para la vida eclesial riojana.
Un llamado que nació en la Catedral
La historia vocacional de Fabián tiene un momento muy particular. Según él mismo recordó, su deseo de ser sacerdote comenzó un 20 de enero, durante una misa celebrada en la Catedral de La Rioja. Aquella experiencia espiritual marcó profundamente su vida y con el tiempo se transformó en una respuesta concreta al llamado de Dios.
Durante su testimonio, compartido al finalizar la celebración, el nuevo sacerdote expresó con profunda gratitud: “Si algo he experimentado en este camino es que el Señor ha sido infinitamente fiel”.
En sus palabras recordó que la semilla de la vocación comenzó a gestarse en su infancia, en su pueblo natal de Guandacol, dentro de la comunidad parroquial donde fue creciendo en la fe, participando de la vida de la Iglesia y descubriendo lentamente el llamado de Dios.
En ese camino también recordó con gratitud a sacerdotes y comunidades que marcaron su vida espiritual, entre ellos al recordado sacerdote Ramón Francisco Aciar, cuya figura influyó profundamente en su proceso vocacional.

Los signos de una entrega total
La ceremonia estuvo marcada por los gestos propios del sacramento del orden sacerdotal, cada uno cargado de profundo significado espiritual.
Uno de los momentos más intensos fue la postración de Fabián en el suelo del templo, mientras la comunidad entera rezaba la letanía de los santos. Ese gesto simboliza la entrega total del futuro sacerdote a Dios y a su Iglesia.
Luego llegó la imposición de manos del obispo y de los sacerdotes, el rito central del sacramento, seguido por la oración de consagración, la bendición de las manos y la colocación de la vestimenta sacerdotal, signos visibles de la misión que comienza.
Uno de los instantes más conmovedores de la celebración se vivió cuando su madre, Isabel Oliva de Vega, se acercó para desatar las manos de su hijo, gesto simbólico que representa la entrega del hijo al servicio de Dios y de la Iglesia.
Madre e hijo no pudieron contener las lágrimas. El templo quedó envuelto en un silencio cargado de emoción y muchos de los presentes también dejaron caer lágrimas al presenciar ese momento tan profundo y humano. Fue un gesto sencillo, pero de enorme significado: una madre que entrega a su hijo para el servicio del Evangelio.
Un momento especialmente significativo de la celebración estuvo acompañado por el canto de la comunidad que entonó: “Si amo mi vida, la perderé; si doy mi vida, la ganaré. Donde tú estás Jesús, allí estoy yo; te sigo, soy tu servidor.”
La letra resonó con una fuerza particular en la Catedral y pareció sintetizar el camino vocacional de Fabián. Esa entrega confiada, expresada en el canto, se reflejaba también en sus propias palabras cuando dijo: “Si hoy estoy aquí es porque el Señor sostuvo mi mano cuando yo no entendía el camino.” Entre la música que acompañaba la ordenación y el testimonio del nuevo sacerdote se dibujaba una misma convicción: la vida entregada a Dios no es pérdida, sino plenitud para quien decide seguir a Cristo y servir a su pueblo.

La emoción también alcanzó al propio obispo Dante Braida, quien, una vez concluido el rito de ordenación y ya como nuevo sacerdote, saludó a Fabián con las palabras: “La paz esté contigo”. En ese instante, su rostro reflejaba la profunda emoción de estar presenciando un momento de gracia para la Iglesia riojana, en una noche que quedará grabada en la memoria de quienes acompañaron la celebración.
Un cáliz con historia
Entre los signos que acompañarán el ministerio sacerdotal de Fabián hay uno que tiene un significado muy especial para él: el cáliz que utilizará para celebrar la Eucaristía. Se trata de un cáliz que perteneció al sacerdote Ramón Francisco Aciar, quien lo regaló en su momento como signo de acompañamiento y de esperanza en el camino vocacional.
Para Fabián, celebrar la misa con ese cáliz representa mucho más que un objeto litúrgico. “Celebrar la Eucaristía con ese cáliz es sentir que su vida sacerdotal sigue dando fruto y que su testimonio continúa acompañando mi camino”, expresó durante su mensaje.

Un camino marcado por la fidelidad de Dios
En su testimonio final, el nuevo sacerdote compartió un profundo agradecimiento a Dios y a todas las personas que lo acompañaron en su proceso de formación.
Recordó con cariño a las comunidades parroquiales donde realizó su servicio pastoral y que fueron parte de su crecimiento espiritual: comunidades en La Rioja, Córdoba y San Juan, donde —según expresó— aprendió que el pastor se forma caminando junto al pueblo, escuchando, compartiendo la vida cotidiana y acompañando tanto el dolor como la esperanza de las personas.
También tuvo palabras muy sentidas para su familia. “A mi mamá, gracias por tu amor, por tu fe sencilla y por enseñarme a confiar en Dios. A mi papá y a mi hermano Iván, que desde el cielo me acompañan, los siento hoy muy cerca”, expresó con emoción.
Durante este tiempo de preparación espiritual para la ordenación, Fabián contó que meditó profundamente la figura bíblica de Abraham y el camino de la fe en medio de las pruebas.
“Mi historia también tuvo momentos de incertidumbre, pérdidas y preguntas. Pero como Abraham, he podido experimentar que Dios es fiel, que nunca retira su promesa y que siempre sostiene a quien llama”, expresó.
De esa experiencia nació el lema que eligió para su ministerio sacerdotal, una frase que resume su historia vocacional y su confianza en Dios: la certeza de que el Señor es fiel incluso en medio de las pruebas y nunca abandona a quien llama.

Consagrado a la Virgen de Guadalupe
En su camino espiritual, Fabián también expresó una profunda devoción mariana. Por eso, el nuevo sacerdote consagró su vida sacerdotal a la Virgen María bajo la advocación de la Virgen de Guadalupe, confiando su ministerio a la protección de la Madre de Dios. Para él, la presencia de María ha sido una guía constante en su camino de fe y en su respuesta al llamado de Dios.
Al finalizar la celebración, el presbítero Emanuel Varas dio la bienvenida oficial al nuevo sacerdote en nombre del presbiterio riojano. En su mensaje destacó que la ordenación de Fabián no es sólo un acontecimiento personal, sino también un verdadero don de Dios para todo el pueblo.
“El Señor vuelve a decirnos que sigue llamando, que sigue confiando en hombres frágiles pero disponibles para ser signo de su amor en medio del mundo”, expresó. También recordó que el sacerdocio es, ante todo, un servicio al pueblo de Dios, especialmente a quienes más necesitan consuelo, justicia y esperanza.

Un nuevo sacerdote para la Iglesia riojana
La ordenación de Fabián Vega llega en un tiempo muy significativo para la Iglesia de La Rioja: el tiempo de Cuaresma y el camino hacia la conmemoración por los 50 años del martirio de los beatos riojanos, testigos de una Iglesia comprometida con el Evangelio y con su pueblo.
En este contexto, su vocación aparece como un signo de esperanza para la diócesis: un joven que decidió seguir a Jesús y dedicar su vida a anunciar su Palabra donde el Señor lo envíe.
La Iglesia riojana tiene ahora un nuevo sacerdote.













