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Monseñor Braida llamó a defender la tierra, la familia y el trabajo rural en el 50° aniversario del beato Wenceslao

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Luego de la celebración realizada el sábado en Sañogasta —donde familiares, jóvenes y peregrinos de diversos puntos del país recordaron al beato Wenceslao Pedernera—, la memoria viva del laico riojano se trasladó a la capital riojana. En la Misa de las 11 horas en la Iglesia Catedral, monseñor Dante Braida ofreció una homilía profundamente pastoral, enmarcando las problemáticas de la tierra, la familia y el trabajo rural dentro del anuncio vivo del Reino de Dios.

Para el Obispo riojano, la información social no es un añadido, sino la consecuencia directa del Evangelio abrazado como «el gran Tesoro»:

Querida comunidad diocesana:

1. En el Evangelio que escuchamos, Mateo nos presenta dos parábolas en las que se nos habla de lo valioso que es el Reino de los Cielos, que Jesús vino a instaurar como plenitud de vida para todos. La figura de la perla o del tesoro nos habla de algo de un valor superior frente al cual el resto pasa a un plano inferior, de tal modo que vale la pena renunciar a todo para poseer el Reino de los Cielos. Pero también es claro que esta renuncia solo se puede dar si primero se ha encontrado el Reino de Dios y se lo ha sabido valorar. Es una renuncia que se hace con rapidez y alegría, porque es una gran oportunidad y porque vale la pena.

2. Hacemos memoria y celebramos hoy la entrega de su vida del beato mártir Wenceslao Pedernera, hecho acontecido hace justamente 50 años en Sañogasta. Con el derramamiento de su sangre dio testimonio del Evangelio que había abrazado como sentido de su vida, como su gran Tesoro. Ese Evangelio que lo ayudó a descubrir su lugar en la Iglesia y en el mundo, y a descubrir el camino de felicidad que Dios ofrece para todos los que lo siguen con humildad. El Evangelio ayudó a descubrir su propia vocación para llevar adelante la misión que Dios tenía para él; vocación que fue madurando en el silencio, en el discernimiento y en la toma de decisiones oportunas.

Por el testimonio que nos da su esposa, Marta (Coca), sabemos que en su camino de crecimiento en la fe la Palabra de Dios tuvo un lugar fundamental. Su lectura diaria iluminaría no solo la vida de Wenceslao y sus decisiones, sino la vida de su familia y los emprendimientos comunitarios. Hoy, animados por él como patrono de la Animación Bíblica de la Pastoral, estamos llamados a vivir de la Palabra de Dios y a promoverla como fuente de vida y felicidad para todos.

El amor familiar como cimiento y santuario de la fe

3. Wenceslao con Coca formaron una familia que se fue construyendo con amor y entrega generosa. Agradecemos a Coca y a sus hijas por su disposición a compartir lo vivido junto a él, pero también por el camino que cada una de ustedes fue recorriendo luego para crecer como personas y en la fe. Gracias por el testimonio de fe y valentía para enfrentar muchas dificultades, incomprensiones, soledades… y seguir adelante.

El atentado contra su vida sucede en un momento de intimidad familiar, en la noche, cuando ya todo pide descanso en la casa. Por eso la sangre derramada de Wenceslao es por amor al Evangelio, en el ámbito concreto del amor familiar.

Monseñor Angelelli, en su pastoral, dio un lugar destacado al cuidado de las familias ante tantas amenazas que recibe. Es por eso que, unido a la Iglesia Argentina, había lanzado el 1° de mayo de 1975 dos años dedicados particularmente al matrimonio y la familia. Decía ese día: “Está de más señalar la importancia y en cierta manera la urgencia de que nos avoquemos muy seriamente a la Familia… Basta echar una ligera mirada a nuestras familias para darnos cuenta de que urge reflexionar sobre las causas de la crisis que padecen y tomar determinaciones en todos los órdenes para que la familia no se siga resquebrajando. El futuro estará marcado por el grado de solidez y profundidad cristianas de los hogares de nuestra Patria”.

Hoy, como ayer, la familia tiene un lugar muy importante en la vida de una persona y es fuente de vida y sentido. Sus dificultades actuales requieren un tratamiento prioritario: vemos familias afectadas por la desunión, por la adicción en alguno de sus miembros y por la desocupación, entre otras situaciones. En las Líneas Pastorales diocesanas tenemos la pastoral familiar como un área a priorizar. Invito a quienes quieran sumarse a crear o renovar propuestas para el fortalecimiento de la vida familiar a que puedan acercarse y ayudar a abrir caminos con respuestas propias para los problemas actuales.

Un laicado maduro para una Iglesia en salida y sinodal

4. A su vez, Wenceslao vivió una pertenencia a la Iglesia también como una familia más grande; su integración a la Iglesia se fue convirtiendo en un estilo de vida. Su camino de fe nació en San Luis, su tierra de origen donde recibió el bautismo; en Mendoza el sacramento del matrimonio, y luego vendrán la conversión y el crecimiento. A la Iglesia riojana llega atraído por la propuesta pastoral de monseñor Angelelli basada en el Concilio Vaticano II: una propuesta pastoral que promovía un laicado maduro y responsable, comprometido en la construcción de una sociedad más justa; un laicado que, junto con los sacerdotes y religiosos, son corresponsables de la obra evangelizadora de la Iglesia. Una Iglesia que se concibe como servidora de la humanidad buscando su liberación de modo integral y que promueve la alegría y la felicidad del pueblo aun cuando se atraviesen muchas dificultades.

Decía monseñor Angelelli: “Hablar hoy de la ALEGRÍA y del GOZO y la Esperanza cristiana, parecería un contrasentido. Se vive: la angustia, la desorientación, la soledad. El Señor sigue visitando a su pueblo llamándonos a la verdadera alegría y a la Paz fundamentadas en Cristo. Sigue Cristo invitándonos y ofreciéndonos, a nosotros, hombres de nuestro tiempo, la verdadera liberación y salvación porque está cerca, Cristo ha tomado nuestra condición humana para hacer el camino, con nosotros de la liberación integral del hombre” (Homilía, 15 de diciembre de 1968).

Que, como Wenceslao, podamos cada día renovar nuestra pertenencia a la Iglesia, ocupando nuestro lugar en ella y caminando juntos, de modo sinodal, cada uno con la belleza de su propia vocación, cada uno integrado con la edad que tiene. Juntos ocupándonos preferencialmente de los más pobres y vulnerables para que el Evangelio sea fuente de vida para todos sin excluir a nadie.

El compromiso con el mundo rural: la tierra y el agua como dones de Dios para todos

5. Wenceslao, junto a su familia, estaba integrado a la sociedad promoviendo los valores del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia que había aprendido en el Movimiento Rural, impulsando un proyecto de comunidad basado en la participación, el cooperativismo y la construcción de un mundo más justo en que los bienes creados estén al servicio de todos.

Nos recuerda el Papa León en su primera encíclica respecto del principio del destino universal de los bienes que “los bienes de la tierra —el suelo, el agua, el aire y los recursos naturales— han sido dados por Dios a toda la familia humana para sostener la vida de todos, hoy y en las futuras generaciones, y que toda persona tiene un derecho originario al uso de dichos bienes. «Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie” (Magnifica Humanitas, n° 65).

“Sabemos que hoy continúan problemas con la tenencia de la tierra en varias zonas de nuestra provincia. Además, constatamos que, de modo urgente, la zona rural requiere de un plan de desarrollo que favorezca a los pequeños productores. Por tanto, también ahora el testimonio del beato Wenceslao nos tiene que animar a seguir alentando la participación en la vida social y rural particularmente. Nos tiene que alentar a promover organizaciones que sean cada vez más participativas, que fomenten la corresponsabilidad en la búsqueda de soluciones, que alienten el diálogo y la escucha mutua; diálogo que se haga extensivo con otras instituciones sociales”.

La victoria de la Pascua sobre la persecución

6. Finalmente, destacamos que el beato Wenceslao perseveró en la obra buena que había iniciado aun en medio de los amedrentamientos que padecía. Como dice la Carta de Pedro: “Es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la voluntad de Dios, que haciendo el mal”.

Con su muerte parecían acabarse muchos sueños y proyectos; la precooperativa NECAS se diluyó con su partida. Pero no se diluyó ese sueño porque tenemos la certeza de que su testimonio, su perseverancia en el bien aun en medio de las persecuciones, su fortaleza en medio de dificultades y su martirio final hoy nos inspiran a seguir esos sueños, confiando en la fuerza renovadora y transformadora de la Pascua, de Cristo resucitado. Ese Cristo que venció todo mal y hasta la misma muerte sigue hoy dando vida a los creyentes y no creyentes que trabajan por un mundo mejor.

En su carta a Pablo VI, escrita en los últimos días de julio del ’76, Angelelli hacía referencia al asesinato de los dos curas de Chamical y del laico Wenceslao como parte de ese espiral que veía se cerraba sobre su persona, reconociendo que sus muertes fueron ocasionadas por vivir el Evangelio integrados a la pastoral diocesana. Sin embargo, no dejó de mirar esas muertes como signo de vida y de la Resurrección en Jesucristo, como tan bellamente lo expresó en las exequias de Carlos y Gabriel.

Queridos hermanos y hermanas, que nuestro buen Dios nos anime a seguir las huellas de JESUCRISTO guiados por el claro testimonio de nuestros mártires. Que podamos poner en el centro de nuestras vidas, y como lo más valioso, la relación con Dios y el propósito de seguir siempre sus caminos y la misión que Él nos encomienda. Amén.