En sintonía con las Líneas Pastorales 2026 destinadas a afianzar el caminar juntos, el obispo monseñor Dante Braida reflexionó sobre el sentido del amor y la vocación de servicio. Sus palabras enmarcaron el compromiso de trece hermanos de la diócesis que, en su camino al diaconado permanente, asumen el desafío de custodiar la Eucaristía y salir al encuentro de los más vulnerables.
La Diócesis de La Rioja continúa dando pasos firmes en su objetivo de fortalecer la ministerialidad y la corresponsabilidad de los laicos, tal como lo proponen las orientaciones de la última Asamblea Diocesana de Pastoral. Este compromiso de edificar una Iglesia viva e inclusiva se reflejó recientemente en la institución de trece nuevos acólitos, un verdadero signo de esperanza para las comunidades parroquiales.
Más que un evento litúrgico, el paso vocacional de estos hermanos que se preparan para el diaconado permanente es una respuesta directa al llamado de construir comunidades fraternas.

Corazones dóciles y el verdadero sentido de la fe
Durante la celebración que congregó a familias y fieles en la Iglesia Catedral, monseñor Dante Braida ofreció una profunda reflexión sobre el sentido del amor cristiano y la misericordia, tomando como eje la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
El Obispo recordó la invitación de Cristo a acudir a Él con nuestras propias fragilidades y agobios, dejando una frase que resuena como guía para toda la diócesis: “Vengan a mí así como están… El cristianismo no es un consultorio donde se encuentra la perfección, sino el lugar donde confiamos en este Dios que siempre quiere lo mejor para cada uno de nosotros”.
Dirigiéndose a los nuevos servidores, monseñor Braida remarcó que asumir este ministerio no es escalar un peldaño administrativo, sino una exigencia para descentrarse y dejar que Dios lo sea todo. En consonancia con la línea pastoral de «Caminar en fraternidad como Iglesia Sinodal», el Pastor enfatizó que el primer llamado es a ser testimonios vivos de amor en los propios hogares: “Que encuentren en ustedes corazones dóciles capaces de dejarse moldear y transformar por este amor pascual. Que sus vidas, en primer lugar, sean plenas. Para los que son casados, amando a sus esposas como Cristo nos ama; y los que no, entregándose generosamente a la vida de la comunidad”.

Servidores en el altar y en la periferia existencial
El rol del acólito es custodiar el Santísimo y servir a la asamblea, pero la visión pastoral de la diócesis deja en claro que la liturgia del altar se prolonga obligatoriamente en la calle. Esto encarna la prioridad de «Alentar una Iglesia en salida», que busca llegar con el consuelo del Evangelio a quienes viven en situación de vulnerabilidad.
El Obispo detalló que las tareas de estos servidores no se limitan al templo, sino que promueven activamente la cultura del cuidado: “El servicio de llevar la comunión es un servicio a la comunidad, especialmente a los más pobres, alejados y enfermos”. Insistió en que el corazón de un ministro debe volverse cada día más sensible ante las necesidades de los desprotegidos: “Llevar la comunión a los enfermos y a los ancianos es la muestra concreta de que Dios ama a su pueblo y que sigue prefiriendo a los que están en una situación de vulnerabilidad”.
Ecos martiriales en un año jubilar
Monseñor Braida contextualizó este compromiso con la memoria histórica de nuestra Iglesia riojana, invitando a los trece hermanos a nutrir su misión en las huellas de nuestros Beatos Mártires: “Los invito a que con el acolitado puedan perseguir también estos testimonios vivos de ellos para poder vivir esta entrega con alegría”.
Con sus vidas puestas al servicio de la liturgia y la caridad, el «sí» de estos nuevos ministros nos recuerda que, lejos de buscar la perfección de un consultorio, la Iglesia riojana se edifica caminando juntos, llevando la luz y el consuelo allí donde la vida duele y más lo necesita.














