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«La verdadera grandeza nace de la humildad y del servicio a los demás”

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CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN DEL ROSARIO COMO GENERALA Y PATRONA DE LA POLICÍA DE LA RIOJA
Homilía de Mons. Dante Braida en Parque de la Ciudad. La Rioja, 07 10 2026

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
1 – Nos reunimos hoy en esta jornada histórica y de profunda fe para la Policía de la Provincia de La Rioja. En el marco de la festividad de Nuestra Señora del Rosario, contemplamos un acontecimiento donde la vocación de servicio institucional y la dimensión espiritual de nuestro pueblo se abrazan en un mismo gesto: el reconocimiento de la Virgen María del Rosario como Generala de la Policía de la Provincia y guía espiritual de la misma, junto con la Solemne Coronación de su imagen.
Saludo cordialmente al Señor Gobernador, a las autoridades del Poder Ejecutivo Provincial, al Señor Jefe de Policía, a la Plana Mayor, a cada agente en servicio o retirado, y de manera muy especial a la querida familia policial, que sostiene en silencio y con oración la abnegada entrega de cada día.

2- Las lecturas bíblicas que acabamos de proclamar nos invitan a contemplar a María en dos momentos decisivos de la historia de la salvación: En el Evangelio de la Anunciación, contemplamos su «sí» humilde y valiente ante el mensajero de Dios. María no fue una espectadora pasiva de la historia; fue la mujer plenamente comprometida con su Hijo y con la misión de redención que Jesús vino a cumplir entregando su propia vida en la Cruz.
Por su parte, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestra a la primera comunidad cristiana perseverando unánime en la oración, y en medio de ellos está María, la Madre de Jesús. Ella no busca ocupar el centro de la escena; su presencia es de acompañamiento, sostén y consuelo maternal.

3- La Virgen que hoy coronamos lleva en sus manos el Santo Rosario. Esta oración sencilla pero profunda no es una repetición mecánica de palabras; es la escuela de María. A través del Rosario, la Virgen nos toma de la mano para conectarnos de modo directo con la contemplación de los misterios de la vida, pasión, muerte y resurrección de su Hijo. Cada misterio nos ensancha el corazón y nos configura con los sentimientos de Cristo para aprender a mirar nuestras vidas y a nuestros hermanos con sus propios ojos de amor y misericordia.

4- Hoy, la institución policial reconoce a María como su Generala y Patrona. Este título no es un mero adorno exterior o una formalidad folclórica; es una declaración explícita de subordinación espiritual y de confianza en su guía como mujer y madre. Reconocer a María como «Generala» implica contemplar en Ella el modelo de una autoridad ejercida desde el servicio, la humildad y el cuidado.
• Para cada miembro de la fuerza, la consagración exige cuidar la propia interioridad. Nadie puede cuidar la vida de los demás si no cuida su propia vida interior. Es necesario alimentar la fe diariamente a través de la oración constante, la formación espiritual y el deseo de una conversión permanente del corazón.
• Para las familias policiales, la Virgen se convierte en el refugio del hogar. Detrás de cada uniforme hay una esposa, un esposo, hijos o padres que sufren las ausencias, el desgaste y los peligros de la función. Pedimos a la Madre que sostenga las familias de nuestros policías en la paz, la unidad y la fidelidad.

5- Esta consagración fortalece el vínculo de la institución policial con la Iglesia y su misión en el tiempo presente. Un tiempo en el que la Iglesia universal nos llama a vivir la sinodalidad, es decir, a «caminar juntos». Como nos recuerda el Documento Final del Sínodo de la Sinodalidad: «La sinodalidad es un camino de renovación espiritual y de reforma estructural para hacer a la Iglesia más participativa y misionera, es decir, para hacerla más capaz de caminar con cada hombre y mujer irradiando la luz de Cristo» (Documento Final del Sínodo, n. 28).
En este marco, quiero destacar el valiosísimo servicio de la Capellanía Policial. Con su lema «Misericordia, Evangelización y Servicio», los capellanes y el equipo de capellanía, tienen la misión de estar al lado del Policía en el momento del cansancio, de la crisis personal o del dolor, ofreciéndoles contención espiritual sin distinción alguna. Pero también estar a su lado para promover su vida espiritual y su formación como auténtico cristiano para que, aún con las propias debilidades, pueda llevar una vida coherente con el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo y vivir con plenitud y alegría la vida.

6- El rol de la Policía es una noble vocación de protección del bien común, la seguridad y la paz social. Sin embargo, la realidad de hoy nos plantea urgentes desafíos que debemos abordar con valentía:
• Trabajar en red y con cercanía al pueblo: Ninguna institución puede resolver sola los problemas sociales. Es imprescindible que la policía trabaje de manera coordinada y en red con las escuelas, los centros de salud, los municipios, las iglesias y todas las instituciones de bien. Conformando una red buena que promueva el cuidado y el desarrollo integral de una comunidad.
• Prevención comunitaria del delito: Esta red del bien debe activarse principalmente para la prevención, para cuidar comunitariamente a nuestros barrios y zonas rurales antes de que el delito se consume y para evitar que nuestros vecinos caigan atrapados en la «red del mal» de quienes atentan contra la vida y la paz.
• Abordaje del narcotráfico y cuidado de nuestros jóvenes: Nos duele profundamente ver la destrucción de personas y la ruptura de familias provocadas por el avance sostenido del narcotráfico y el narcomenudeo. Vemos con gratitud cómo muchas personas e instituciones comunitarias trabajan incansablemente para rehabilitar a quienes han caído en las adicciones. Sin embargo, esto no alcanza si no hay una decisión firme de poner un límite al fácil acceso de la droga en nuestras calles. ¡Tenemos la responsabilidad sagrada de cuidar la vida en nuestra sociedad y, en particular, el futuro de nuestros jóvenes!

7- Al reflexionar sobre el servicio al pueblo, no podemos dejar de mirar la memoria de nuestro Beato Enrique Angelelli y de sus compañeros mártires: Gabriel, Carlos y el laico Wenceslao.
Monseñor Angelelli nos enseñó a vivir con «un oído en el Evangelio y otro en el pueblo». Él mismo, en sus orientaciones a la comunidad, recordaba que las Fuerzas de Seguridad están para ayudar a que nuestro pueblo viva en paz y sea feliz, recordando que la verdadera autoridad es la que defiende la dignidad inviolable de cada persona. Como solía repetir el obispo mártir: «Caminar juntos significa que nadie se quede al margen; porque todo hombre es mi hermano».

Querida familia policial, autoridades y pueblo riojano:
8- Al imponer la corona a Nuestra Señora del Rosario y de su Divino Hijo Nuestro Señor Jesucristo, reconocemos que la verdadera grandeza nace de la humildad y del servicio a los demás.
Que la Virgen del Rosario, Patrona y Generala Espiritual de la Policía, los proteja en cada patrullaje, en cada guardia, en las calles de nuestras ciudades y en los parajes más lejanos de nuestros departamentos. Que ella bendiga sus familias y las consuele con su cercanía y ternura. Que ella nos conceda a todos los riojanos la sabiduría para construir una sociedad justa, pacífica y fraternal.
Ponemos bajo su manto el destino de nuestra provincia y de nuestra Policía. Con fe y con renovada esperanza en el corazón, encomendamos nuestro caminar a nuestra Madre la Virgen.
¡Nuestra Señora del Rosario, Patrona y Generala de la Policía de La Rioja, ruega por nosotros! Amén.