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Ordenación Diaconal Maximiliano Palacio – Homilía Monseñor Braida

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«No temas, yo estoy contigo” Is. 43,5

HOMILÍA de Mons. Dante Braida en la ordenación diaconal Maximiliano Palacio Escudero. Catedral y Santuario san Nicolás de Bari. La Rioja. 28/03/2026     Lecturas: Is 43,1-7; Sal 137, 1-3, 7c-8; 2Cor 4, 5-6; Jn 15, 9-17

 

Queridos hermanos y hermanas:

Vida valiosa

  • Con alegría estamos reunidos para celebrar esta ordenación diaconal de nuestro hermano Maximiliano Palacio Escudero. Al mismo tiempo celebramos la obra de Dios en uno de sus hijos que escuchó su llamado y fue respondiéndole en cada etapa del camino.

En la primera lectura escuchamos cómo para Dios es valiosa la Vida de su pueblo: “Porque tú eres de gran precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo”. Cada vida, nuestras vidas son valiosas a los ojos de Dios, porque él nos ha creado a su imagen y semejanza y quiere que su Vida crezca y se manifieste plena en todos. Al mismo tiempo ese crecimiento se da cuando mantenemos un vínculo fuerte con Él, fuente de toda Vida y con los demás. La vida de todos es valiosa, la mía y la de mis hermanos. Y es valiosa en todas sus etapas, desde el tiempo de la gestación hasta su muerte natural.

                Y porque esa vida del pueblo es tan valiosa es que Dios le promete y se compromete a cuidarlo al decirle: “No temas, porque yo estoy contigo… Si cruzas por las aguas, yo estaré contigo, y los ríos no te anegarán; si caminas por el fuego, no te quemarás, y las llamas no te abrasarán.”

                De aquí surge el lema elegido por Maxi: “No temas, porque yo estoy contigo”. Sí, la vida es valiosa pero también es frágil y necesita ser cuidada y, al mismo tiempo, necesita se promovida, es decir alentada para que crezca y se desarrolle.

                Si Maxi hoy está aquí es por que Dios lo ha cuidado y también hubo otros que lo cuidaron y lo ayudaron a crecer, su familia, sus amistades, su profesores y catequistas, sus formadores y las comunidades en las cuales fue viviendo a lo largo del camino. No solo lo cuidaron sino que lo ayudaron a crecer. Así cada uno de nosotros necesitamos de Dios y de los demás para crecer y desarrollarnos. Del mismo modo tenemos la misión de cuidar ayudar al crecimiento de los demás.

Vocación de Servicio

  • Para cuidar y ayudar el desarrollo de cada vida Dios nos da una vocación y misión. Estamos integrados a un pueblo desde un lugar propio. Los padres de Maxi, como muchos de ustedes, recibieron la vocación de formar un matrimonio unidos en el amor, ese amor que viene de Dios y hace que un matrimonio permanezca unido y sea fecundo dando vida a sus hijos, educándolos y acompañándolos en las diferentes etapas de crecimiento. Ese es un gran servicio de todo matrimonio. Al mismo tiempo que cada uno, esposo y esposa, está llamado a desplegar sus propios carismas en el trabajo y en la construcción de un mundo más justo.

Maxi, a su vez, ha recibido la vocación de vivir consagrado a Dios para el servicio de su pueblo. Un llamado que lo une a Cristo Servidor para ayudar a muchos descubrir lo valiosa que es su vida y los necesario que es que puedan desarrollarla. Para eso tendrá que identificarse profundamente con Jesús en una vida de intensa oración y, al mismo tiempo, reconocerlo presente en sus hermanos a quienes tendrá la misión de llevarlos a su encuentro predicando y dando testimonio de Él.

Nos decía el apóstol Pablo: “no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús.”

Dios nos ama a cada uno y nos ama como pueblo. Y a ese pueblo nos integramos con una vocación concreta que incluye la dimensión del servicio como algo esencial.

El AMOR: Fundamento de la Vida y la Vocación

  • El Evangelio que escuchamos nos pone de manifiesta el fundamento de toda vocación que es el AMOR: “Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.” Con estas esclarecedoras palabras Jesús nos manifiesta que somos amados por él con el mismo Amor que él recibe de su Padre. El amor de su Padre es causa de su amor por nosotros. Jesús ama a los suyos porque es amado por su Padre. Se trata de una corriente de amor que comienza en el Padre y llega a sus discípulos. Jesús les manda a los discípulos que es vital permanecer en esa corriente de Amor. Esa actitud de permanecer no es pasiva, sino activa, viviendo y practicando sus mandamientos. Si amamos como Jesús amó es que permanecemos en esa corriente de amor. Jesús amó haciendo la voluntad de su Padre. Lo hizo cuando se hizo uno de nosotros, cuando perdonó los pecados, cuando sanó a tantos enfermos, cuando formó comunidades de discípulos, cuando enseñó, pero amó hasta el extremo cuando dio la vida en la cruz por obediencia al Padre y por amor por nosotros, su pueblo. Allí está el mandamiento del amor vivido en su mayor exigencia. Es un dar la vida que terminará en recibirla en su plenitud de resurrección.

La vida entrega por amor es fuente de más vida y de alegría y paz: “Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.”

Jesús nos convoca a ser servidores por amor pero desde un vínculo de amistad con él: “yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.”

Queridos hermanos y hermanas, busquemos cada día vivir en una cercanía y apertura a este vínculo de amor con Jesús. Cultivar una vida orante y contemplativa que de espacio al silencio y a la escucha de la Palabra de Dios es fundamental para dejar que su amor nos sane, ilumine y transforme hacia una vida plena.

La misión: DAR FRUTOS

  • Pero ese amor es para una misión: dar frutos: “los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero” nos dice Jesús. Y para esto es necesario estar cerca del pueblo, cultivar y una actitud misionera permanente. Los frutos son la obra de Dios en la vida de sus hijos, particularmente los más necesitados. Cuántas personas hoy se sienten solas o no han encontrado el sentido más profundo de sus vidas, cuántos hoy viven cierta orfandad por no encontrar una comunidad de apoyo y pertenencia.

                El amor de Jesús, que hace plena nuestras vidas, nos impulsa ardientemente a ser una Iglesia en salida. Que busca compartir de modo concreto lo recibido.

                Querido Maxi, damos gracias por tu vocación y le pedimos a Jesús que sea fecunda en esta iglesia riojana en la cual hoy te incardinas. También le pedimos que camines con este pueblo procurando permanecer en esa corriente de gracia y amor que nos propone Jesús. Al mismo tiempo le pedimos para que siempre seas un puente para que muchos, estén en la situación que estén, participen de ella.

                Pronto tendremos en vigencia las renovadas Líneas Pastorales de la diócesis, ellas serán una guía para tu vida y misión pastoral. Necesitamos crecer como Iglesia orante, fraterna-sinodal y misionera para ser fieles la misión que Jesús encomienda a la Iglesia.

                Finalmente quiero dar gracias a la familia Palacio – Escudero, a los padres y hermanos de Maxi por su presencia y cercanía de siempre acompañando su formación en esta vocación. Gracias!

Agradecer al preseminario “Santo Cura Brochero” de La Rioja, donde él realizó su discernimiento vocacional y dio sus primeros pasos formativos. Agradecer al seminario “Nuestra Señora de Loreto” de la arquidiócesis de Córdoba y a las parroquias y comunidades pastorales que lo acompañaron en la etapa de la formación inicial. Que el Buen Pastor recompense tanta entrega generosa. Gracias! También a la comunidad del Centro Pastoral Santo Domingo, Fazenda y la comisión de diálogo ecuménico e interreligioso donde has transitado el último tiempo. Gracias!

                Esta ordenación, querido Maxi, la recibes en el marco de la celebración de los 50 años de los martirios de los beatos mons Angelelli y sus compañeros. Ellos, fueron llamados a participar de esa corriente de amor que viene del Padre hasta dar la vida en el servicio de su pueblo. Que sus testimonios iluminen tu caminar. Y que la cercanía de Nuestra Madre la Virgen de Lourdes te ayude a seguir los caminos de su hijo con compasión y ternura. Así sea.