“EN COMUNIDAD, DAR TESTIMONIO DE JESUCRISTO”
HOMILÍA misa ordenación Sacerdotal de FABIÁN VEGA OLIVA – Iglesia Catedral y Santuario San Nicolás de Bari, La Rioja. 06/03/2026
Jer 1,4-9; Sal 22; 1 Ped. 5, 1-4; Jn. 10, 11-16
Queridos hermanos y hermanas:
Vocación y Confianza en el Señor
- Con un corazón agradecido estamos viviendo esta ordenación sacerdotal de Fabián Vega Oliva. Ordenación que se da como don de Dios que un día lo llamó para estar más cerca de Él y para hacerlo servidor de su pueblo.
En la lectura del Profeta Jeremías queda muy de manifiesto como Dios nos conoce y nos ama entrañablemente desde siempre y nos ha creado para una misión: «Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones».
Sí, Dios a cada uno de nosotros nos conoce y nos ama desde siempre y nos encomienda una misión. Por eso cada vida es valiosa y tiene sentido. Querido joven, querida joven tu vida tiene sentido y Dios tiene una vocación y misión para vos. Para descubrirla es necesario darnos tiempo para el silencio y la oración, para descubrir los signos que Él nos da en la vida cotidiana para indicarnos cuál es esa vocación.
Muchas veces, como a Jeremías, nos vienen dudas, pasamos por incertidumbres, ¿será que voy a poder? ¿y si después me arrepiento? ¿Tengo tantos límites? Son tantas las responsabilidades que nos tocarán asumir que nos podemos sentir abrumados. Le pasó al Profeta Jeremías que le dice a Dios: «¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven». Pero el Señor que llama también ayuda a disipar las dudas y se vale de nuestras limitaciones para manifestar más claramente su obra y su compromiso con nosotros…. «No digas: «Soy demasiado joven», porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte –oráculo del Señor –». Él es el gran protagonista de la vocación y misión de cada uno. Y ella solo se realiza adecuadamente cuando el Señor es el centro de nuestra vida.
Fabián, pasó por esas etapas de búsqueda y de descubrimiento de la vocación, luego en el tiempo de formación en el seminario de Córdoba y San Juan, fue madurando para luego dar una respuesta libre y decidida. Sí, porque el Señor llama, pero la respuesta tiene que ser libre y personal. Pero Él no solo llama, sino que se compromete a ayudarnos en todo el camino. Por eso nos hace percibir esos movimientos interiores que nos hacen dar cuenta por dónde va el camino y nos pone personas y comunidades para que nos acompañen y no estemos solos en un momento tan trascendente para la vida de toda persona: descubrir su vocación y misión en la Iglesia y en la sociedad.
Testimonio y ejemplo
- La misión que conlleva toda vocación necesita de un testimonio coherente con lo que se predica. Lo cual requiere que todos, al llevar adelante la misión encomendada, vayamos haciendo un camino de crecimiento interior para poder ser una transparencia del Evangelio y guiar a otros por esos evangélicos senderos de Vida Plena que el Señor nos encomienda y guiarlos con paciencia y perseverancia.
Nos dice la segunda lectura del apóstol Pedro: “Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación; no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño.” Con claridad la Palabra nos llama ser ejemplo para la comunidad.
Queridos hermanos la coherencia es un don de Dios, que requiere un conocimiento cada día más profundo de nuestras personas, reconocer límites y talentos, también asumir la realidad de pecado y la necesidad permanente de la reconciliación con Dios y los hermanos. Este proceso necesita de la humildad y la transparencia de quien se siente pobre y necesitado de Dios y de los demás.
Querido Fabián, el sacramento de la reconciliación que tendrás que administrar tendrá que ser una de las fuentes de alimentación de tu espiritualidad bebiendo allí, de modo particular, la misericordia de Dios constantemente. Haciendo la experiencia en primera persona del lema que elegiste para tu ordenación, de la parábola del Hijo pródigo: “Cuando aún estaba lejos, salió a su encuentro y lo abrazó” (Lc. 15,20)
Misión
- “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas” escuchamos en el Evangelio. La misión del sacerdote tiene una identidad propia, en la cual su vínculo con Jesús, Buen Pastor, es vital. Desde allí cobran importancia las tareas pastorales propias del sacerdote: predicar y celebrar los sacramentos, visitar a su pueblo, acompañar situaciones de vida y las distintas etapas de la vida de las personas, asumir los tiempos actuales con todos sus desafíos, entre tantas otras. Son múltiples las tareas del sacerdote y en todas ellas estamos llamados a dar la vida, a entregar la vida como Jesús buen Pastor.
También es necesario recordar que esa entrega de la vida no la realizamos solos, sino unidos a los demás sacerdotes, cultivando una auténtica fraternidad sacerdotal y, al mismo tiempo, fomentando en la fraternidad, la vida de familias en todas las comunidades que nos tocan atender.
El dar la vida como nos propone el Jesús, implica de modo especial a aquellos por los que estás unido por el sacramento del Orden: el presbiterio y tu Obispo. Tu mejor disposición, tus talentos y carismas esperamos puedas aportarlos generosamente a la fraternidad sacerdotal. Lo necesitamos.
Sinodaliad
- Fabián, recibes la ordenación sacerdotal, en estos tiempos en que estamos implementando las conclusiones del Sínodo sobre la Sinodalidad. Queremos una Iglesia que favorezca la participación de todos los bautizados, que todos encuentren y vivan su lugar en ella y entreguen sus vidas en la construcción del Reino de Dios. Son muchos las necesidades de este tiempo que exigen del aporte de los carismas y talentos de todos. Se trata así de hacer realidad una ‘Sinodalidad Misionera’.
Días pasados escuchaba aquí, en nuestra diócesis, el testimonio de una persona que se acercó a la Iglesia para ayudar a las personas necesitadas en situación de calle. Al realizar esta tarea junto a otros fue descubriendo su capacidad de darse a los demás, pero también sus límites y fragilidades. El perseverar en este servicio, una jornada de oración y reflexión estando cara a cara con el Señor, la convivencia en comunidad reconocía, le fueron ayudando a crecer como persona y a comprender a los demás, a valorar su vida y la de los demás, especialmente la de los más frágiles a quienes sirve.
El evangelio que escuchamos hace referencia también al ‘Asalariado’, aquel que cumple su trabajo, pero no se juega por sus ovejas. Es una tentación que puede aparecer de muchas maneras en el camino. Hacer cosas, pero sin espíritu, por cumplir, de modo mediocre. Debemos estar atentos para que, si esto aparece, podamos reaccionar rápidamente, volviendo al centro de nuestra vida, el vínculo con Jesús, y la vocación de servicio como fruto del encuentro con Él.
El testimonio de los Mártires
- Estamos viviendo un año jubilar con motivo de los 50 años del martirio de los beatos Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longuevil y Wenceslao Pedernera. Un tiempo de gracia para vivir y profundizar sobre sus vidas y enseñanzas… y para asumir con su intercesión la vocación de cada uno.
Fabián, sé de tu interés por asumir y dar a conocer no solo la obra de los mártires sino también la fuente inspiradora de sus vidas. Adelante con esa iniciativa. Necesitamos orar con la vida y enseñanzas de nuestros mártires, al mismo tiempo que expresarlas con nuestras vidas y compromisos.
Quiero saludar de modo especial a la familia de Fabián. Todos ellos oriundos de Guandacol, parroquia San Nicolás. Su madre, Isabel, nos acompaña junto a sus hijos Leticia y Marcelo y demás familiares. Desde el cielo nos acompaña su padre, Manuel y su hermano Iván. A toda la familia y comunidad de Guandacol gracias por acompañar el nacimiento y crecimiento de Fabián en sus primeros años. Gracias a la comunidad de la parroquia Señor del Milagro, aquí de la ciudad Capital, y al grupo de oración de la Renovación Carismática ´Gloria de Yavhé’.
Gracias a la arquidiócesis de Córdoba y su Seminario por contribuir a la formación en sus primeros años. Gracias por la presencia de sacerdotes y seminaristas. Y, a la Arquidiócesis de San Juan y su Seminario por continuar esa obra, gracias a la presencia de su Rector y demás sacerdotes y seminaristas. Las distintas comunidades parroquiales de esos períodos y, más recientemente Inmaculada Concepción de Chepes y Anunciacion del Señor, en la Capital.
La vocación es un don de Dios pero que madura y crece en comunidades y ambientes concretos.
Fabián, que nuestra madre, la Virgen del Rosario de Tama, patrona de la evangelización en nuestra diócesis, san Nicolás y el beato Enrique Angelelli y sus compañeros mártires intercedan por tu ministerio, para que sea pleno y fecundo para mayor gloria de Dios y para el bien de su pueblo. Así sea.












