Como parte de las manifestaciones de piedad popular que cada mes de septiembre enriquecen la tradición riojana, la comunidad revivió una edición más del emblemático “Camino de la Fe”. Agrupaciones gauchas de la provincia y de la región se reunieron para recibir la réplica de la Virgen del Valle proveniente de Catamarca, acompañada por imágenes patronales de localidades vecinas y por una delegación de niños, jóvenes y mujeres comprometidos con la preservación de las raíces culturales y espirituales.
Esta iniciativa cobró vida en el año 2001 por propuesta de monseñor Fabriciano Sigampa, quien sugirió que, así como la Madre del Valle visitaba año tras año a San Nicolás en La Rioja, el pueblo riojano debía corresponder ese gesto llevando la réplica del Santo Patrono hacia tierras catamarqueñas.
Afrontando los matices del clima regional, un grupo de cerca de 26 gauchos procedentes de Coreta, Nueva Coreta, Miradores, Camayán, Chumbicha, Colonia del Valle, Guayapima, Valle Viejo y Catamarca Capital completó la travesía a caballo hasta llegar a la ciudad capital.
El ingreso por el puesto caminero provincial constituyó uno de los momentos de mayor significación del encuentro. En su testimonio, los peregrinos recordaron la trayectoria de esta marcha que en julio de 2026 celebró sus primeros 25 años de historia, reviviendo vivencias y muestras de amparo espiritual experimentadas a lo largo de sus recorridos.
Las actividades de aquella jornada se abrieron con la Misa en la Parroquia Espíritu Santo y continuaron con un almuerzo de fraternidad en el predio de la agrupación gaucha local. Por la tarde, la sagrada imagen de la Virgen del Valle fue escoltada en procesión hasta el Santuario de San Nicolás de Bari, sellando el encuentro fraternal de ambas comunidades antes del inicio del trayecto de regreso.
Durante la homilía, el párroco Fabián Tanquía invitó a reflexionar sobre el sentido profundo del caminar y el testimonio público de fe, en el marco del Mes de la Biblia: “¿Cuál es el premio de la caminata de la fe? La vida eterna. Es esa caminata que vamos haciendo nosotros cada año, los que vienen a caballo y los que vamos caminando”.
En sintonía con las lecturas bíblicas, el sacerdote exhortó a la comunidad a no restringir la vivencia religiosa únicamente a las peregrinaciones o fiestas patronales, sino a proyectarla en el día a día: “Nuestra vida tiene que ser siempre, cada día, alimentada de esa fe por los medios que tenemos: la oración, la Palabra y la Eucaristía. La fe y la vida van juntas, no podemos disociarlas. Todo lo que vivimos tiene que estar impregnado de la fe”.
El paso de los gauchos de la Virgen y San Nicolás volvió a dejar en la memoria comunitaria el testimonio de una fe compartida que no reconoce distancias y se consolida como un patrimonio vivo entre los pueblos riojanos y catamarqueños.

















