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Misa Crismal – Homilía de Monseñor Braida

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LLAMADOS AL SERVICIO CON CERCANÍA Y ESCUCHA ATENTA

Homilía de Mons. Dante Braida pronunciada en la Misa Crismal en la Iglesia Catedral y Santuario San Nicolás de Bari, La Rioja. 1°/04/2026 19,00hs

Queridos hermanos y hermanas:

  • ¡Gracia y Paz para todos Ustedes!

Estamos reunidos como familia celebrando esta Misa Crismal en la que los sacerdotes de la diócesis renovarán las promesas sacerdotales y consagraremos los óleos para los sacramentos.

En el Evangelio, escuchamos que cuando Jesús termina de proclamar la lectura de Isaías, “todos los presentes tenían los ojos fijos en Él”. Prestando atención a sus palabras.

Y el simplemente dice “Esto que escuchamos se ha cumplido hoy”. Lo que se cumple es que Él es quien trae una Buena Noticia a los pobres, vino a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos y proclamar un año de gracia.

Toda la vida de Jesús fue una buena noticia para toda la humanidad que, necesitada y pobre, requería una ayuda para liberarse de todo mal y mirar un futuro con esperanza.

Esto se da cuando Jesús cura a un ciego, pero también cuando ilumina con la luz de su enseñanza a los descarriados. Se da cuando hace caminar a un paralítico, pero también cuando enseña a caminar juntos a sus discípulos a través de la corrección fraterna o la disposición al servicio ante que ocupar los primeros lugares. Lo hace sobre todo cuando en la pascua entrega su vida por AMOR a su Padre Dios por la liberación de toda la humanidad paralizada por el mal, pero con profundo anhelo de Vida plena en su corazón.

 

  • Jesús quiso quedarse presente en nosotros para que continuemos su obra. En cada uno habita el Espíritu Santo desde el Bautismo para que nuestras vidas y presencias sean un signo claro de la liberación y la vida nueva que él nos vino a traer.

Él confía en nosotros para que, aún en medio de nuestras limitaciones, HOY se siga llevando la buena noticia a los pobres, dando la vista a los ciegos y procurando la liberación de los cautivos.

Queridos hermanos sacerdotes, hoy estamos llamados a abrir nuestros corazones de par en par para que esta presencia de Jesús nos anime cada día, nos libere de todo mal, nos sane de nuestras heridas y nos transforme en instrumentos de su bondad y amor con mas transparencia.

También nuestros vínculos fraternos necesitan que esta presencia de Jesús nos sane y libere de prejuicios mutuos, de egoísmos, de bloqueos relacionales. Para que fluya una fraternidad que nos permita una mayor cercanía, capacidad de escucha atenta, comprensión y acompañamiento mutuo, especialmente cuando hay momentos de crisis o dificultades.

Necesitamos crecer en este camino interior y en el camino fraterno para poder servir más y mejor al pueblo al que se nos ha confiado y al cual pertenecemos.

 

  • A nuestro alrededor, hoy tenemos muchas situaciones de vida que expresan la pobreza y las limitaciones de tantas personas que requieren una particular atención de nuestra parte como pastores para buscar soluciones y, al mismo tiempo, para alentar una mayor participación de quienes pueden aportar sus talentos y bienes para lograrlas.

Entre otras situaciones, hoy nos interpela las dificultades en la salud mental que, como una pandemia, afectan la vida de muchas personas afectadas por consumos problemáticos, o por desborde de preocupaciones, o por haber perdido un ser querido.

Nos preocupa el mundo de la discapacidad, con tantos recortes presupuestarios que dejan sin adecuada atención a hermanos nuestros y a sus familias.

Nos preocupa también la perdida de fe, o de motivaciones de muchos hermanos que no encuentran sentido a su vida y se sumergen en una sombra de angustia.

Estos y tantos otros desafíos requieren nuestra atención e involucramiento como sacerdotes y como pueblo de Dios, animando y alentando los carismas y talentos que hay en cada bautizado para que sean parte de una búsqueda de salida.

“En una Iglesia sinodal, -reflexionábamos hoy por la mañana- los presbíteros están llamados a vivir su servicio en una actitud de cercanía a las personas, de acogida y escucha de todos, abriéndose a un estilo auténticamente sinodal. Los presbíteros «constituyen junto con su Obispo un único Presbiterio» (LG 28) y colaboran con él en el discernimiento de los carismas y en el acompañamiento y guía de la Iglesia local…” (n° 72 Documento final del Sínodo)

 

  • Semanas atrás hemos realizado un trabajo en conjunto para renovar las líneas Pastorales diocesanas. Fue muy valioso el camino en común recorrido laicos, vida consagrada, diáconos, sacerdotes con el Obispo, para realizar aportes que compartimos y sistematizamos en la Asamblea Diocesana. Fue un hermoso ejercicio de corresponsabilidad de muchos de los que integramos esta querida iglesia que peregrina en La Rioja.

Nos queda ahora la tarea de asumir esas Líneas pastorales y dejar que ellas nos orienten para renovar nuestra pastoral ordinaria y crear lo que haga falta para responder mejor a las necesidades y búsquedas de nuestro pueblo.

En este año jubilar de modo particular el testimonio de los mártires nos anima a ser testigos del Evangelio asumiendo de modo corresponsable los desafíos de este tiempo como ellos asumieron los de su época.

A ellos le encomendamos nuestras comunidades pidiéndoles que nos ayuden a que sean cada día más participativas, abiertas al cambio y la renovación fruto de una experiencia cada vez más profunda de encuentro con el Señor.

 

  • En este día también, al final de la misa, queremos hacer un gesto sencillo pero muy significativo: consagrar nuestra diócesis a Jesús por medio del Inmaculado Corazón de María. Una propuesta que llevó un hermano sacerdote al Consejo Presbiteral y que fue recibida con alegría y apertura de corazón. Queremos que el corazón sin mancha y lleno de gracia que recibió a Jesús pueda recibirnos a nosotros hoy como estamos, con nuestras heridas y pecados, pero también con nuestros talentos y carismas, con nuestros deseos de crecer y ser mejores. Por eso juntos le diremos a María que nos ayude a seguir a su Hijo y nos acompañe en el compromiso que queremos asumir de “ser una Iglesia diocesana sinodal, vivida en la oración, la fraternidad y la misión. (que para eso pueda darse) Renunciamos a nosotros mismos, aceptamos cargar con nuestra cruz y estamos dispuestos a seguirlo. Queremos tomar su yugo y aprender de Él, que es manso y humilde de corazón…”

Que este acto de consagración nos anime a crecer en confianza en Dios y en vivir la alegría del caminar juntos como comunidad fraterna y misionera.

 

  • Queridos hermanos sacerdotes, una vez más quiero decirles gracias por sus vidas y por el servicio que brindan al pueblo de Dios que se les ha confiado. Agradecerles la fidelidad en el camino emprendido, agradecerles los aportes que realizan para crecer como Iglesia. Agradecerles por animarse a empezar de nuevo todas las veces que sea necesario en el camino de la fraternidad que, no porque nos cueste, vamos a desistir.

Que el Buen Pastor nos siga modelando según su corazón para que tengamos sus mismos sentimientos y disposición para servir generosamente y con alegría a su pueblo. Así sea.