Los Tinkunacos de Monseñor Quique Martínez

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El Padre Quique, uno de los Changos de Angelelli, cordobés de origen, riojano de corazón y ahora pastor santiagueño. Nos dio curiosidad sobre sus vivencias del Tinkunaco, se lo preguntamos y aquí lo compartimos. 

¿Cuál fue tu primer tinkunaco, cuantos años hace y qué sentiste ahí?

Mi primer Tinkunaco fue en el año 1973, yo llegue el 28 de diciembre a La Rioja nos alojábamos en el barrio Joaquín Víctor González al lado de la capillita Cristo Rey y fue mi primera experiencia de tTnkunaco guiado por ese entonces Alilo Ortiz de todo lo que significaba la celebración del encuentro y la animación pastoral de Mons. Enrique Angelelli y me marcó a fuego ver esa cercanía del obispo con la gente.

Había sido un año bastante difícil y duro con la experiencia tremenda para el obispo y ver como respondía la gente y la gente del pueblo sencillo. Me llamaba la atención y decía yo: He visto alpargatas por primera vez en una catedral. Fue una maravillosa experiencia que me marcó. Ver esa fe, esa esperanza, esa alegría y ese gozo auténtico y hermoso. Yo creo que me enamoré de la Rioja en ese primer Tinkunaco del año 79. Inolvidable para mí.

¿De qué modo el Tinkunaco aporta a tu vida de sacerdote y de obispo?

Siempre recuerdo que Mons. Angelelli decía que «el Tinkunaco era una tarea para todo el año”. y yo creo que de alguna manera va marcando lo que es una exigencia para la vida sacerdotal. Es el encuentro de Dios hecho hombre para solucionar un conflicto una injusticia y está la presencia de San Francisco Solano que genera un espacio de diálogo y encuentro y permite que en La Rioja no haya una extirpación, una eliminación de una raza sino permite el fusionamiento y encuentro de las dos razas. El español y el indígena diaguita se van fusionando.

En La Rioja tenemos muchos apellidos que son indígenas y la gente se siente orgullosa de ese pasado y también hay apellidos hispánicos y la gente también se siente orgullosa de ese pasado. Como sacerdote, el tinkunaco es un ejercicio de catequesis y de exigencia también porque una de las figuras es la de los incas que tienen un espejo en la vincha es para que el español al mirarse se encuentre en el rostro del indígena, se encuentre también el que está incorporado el rostro del español. Es el respeto por el otro por la cultura distinta y al mismo tiempo compañeros de ruta, compañeros de viaje y compañeros de camino.

¿Cuantos tinkunacos viviste? ¿cuál fue para vos el más emotivo?

Desde aquel año 79 han pasado casi 52 o 53 Tinkunacos, yo creo que debo haber faltado a dos o tres. Aún estando en parroquias distantes estado viendo el Tinkunaco. En un año, probablemente el primer año cuando estuve en la parroquia de Chepes, año 81, 82, no estuve, después algún momento por una enfermedad de una cuñada mia tampoco pude estar. De los 52 encuentros que han sido he faltado a dos o tres. El que más me marco fue el de Mons. Angelelli, mi primer tinkunaco. Fue un impacto muy fuerte una experiencia muy sentida estar en medio de esa muchedumbre que celebraba con unción porque escuchaba, hablamos de Tinkunaco completo con la procesión del día siguiente, donde la predicación del obispo también fue muy emotiva, muy sentida y uno veía los aplausos y los vivas de la gente. Fue una cosa increíble. También falté a un tinkunaco cuando estábamos estudiando en Bs As por razones de logística.

¿Qué deseas que la gente encuentre en el Tinkunaco?

Siempre deseo que la gente encuentre en el Tinkunaco el mensaje vivo y desafiante que significa reconocer al otro, buscar la justicia, la verdad, doblar la rodilla ante el Dios hecho hombre, reconocerlo como el Dios, como el hombre y como el Salvador del mundo, El Rey de la Tierra. Es una invitación a la conversión a renovar la vida. Yo quisiera que todos estos valores profundos, fueran asumidos más profundamente. Tal vez uno va al Tinkunaco como una costumbre o tradición externa y se vacía del rico contenido que tiene. Es un momento para encontrarse con Dios para encontrarse con el hermano y yo deseo que la gente que participa pueda sentir verdaderamente todo eso y tal vez mucho más.

¿Qué le pedís y qué le agradeces a San Nicolás?

Siempre le pido a San Nicolás por la Paz, está la jornada siempre de la paz el primero de enero. Siempre le pido a San Nicolás por la paz y también por las necesidades concretas que van variando año a año, enfermos, situaciones personales, situaciones laborales. Siempre hay alguien que pide y encomienda la oración a San Nicolás entonces me transformo en mensajero de esa gente. Siempre que llego al Tinkunaco traigo a la memoria agradecida a toda la gente que está vinculada conmigo de una u otra manera. Y le agradezco a San Nicolás la paz del corazón, el gozo que siento al vivir el Tinkunaco y al vivir también las expresiones de religiosidad en la procesión y en los momentos de despedida. Me tocó la gracia de ser párroco en la Catedral y entonces también acompañar la devoción con el trabajo pastoral estrictamente, las confesiones, la dirección espiritual, todo lo que significaba también ser motivo de evangelizar a quienes estaban en aquel momento y evangelizarme yo también en el ejercicio del Ministerio.

Algo más que quieras decir y no te haya preguntado

Algo que quiero decir es que el Tinkunaco para mí es el significado fundacional de la cultura de La Rioja. Esta cultura mestiza, criolla e indígena, con la chaya con el carnaval con las misachicos con las banderas y las guirnaldas. Últimamente por cuestiones humanitarias se han abandonado la pirotecnia, pero en aquel entonces las bombas de estruendo marcaban antiguamente en una ciudad pequeña los tiempos de la misa; entonces se tiraba una bomba a las 7:30 de la misa, otra bomba a las 7:45 y la tercera bomba a las 8:00, ya daba la idea de que toda la gente ya estaba en misa, entonces los que estaban lejos ya sabían mentalmente se iban poniendo en misa y se tiraba una bomba también en el momento de la elevación (consagración) para que cada uno de los que estaba lejos y podían escuchar la bomba se arrodillara y la segunda bomba establecía ya que se podía poner de pie; la otra bomba en el momento de la comunión y finalizaba la última bomba con el término de la misa y la bendición. Ese ruido acústico se fue perdiendo y gracias a Dios porque sabemos que los petardos y todo eso manifestaban gozo y alegría, pero también sabemos que los niños con autismo sufren mucho, al igual que animales los perros especialmente. Entonces es parte del folclore de La Rioja, pero para mí es el acontecimiento fundacional de La Rioja importante. La historia de La Rioja no se puede entender sino se vive desde una perspectiva de tinkunaco, de encuentro. Y es un lugar de encuentro y de paz.

¡Gracias Padre Quique!