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Con la fe en los pies: la peregrinación que une Córdoba y La Rioja por la memoria de los Mártires

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El pasado domingo 5 de julio comenzó una peregrinación a pie desde la Catedral de Córdoba. No se trata de una travesía deportiva ni de una caminata de aventura; es una misión organizada en el marco del 50° aniversario del martirio del Beato Mons. Enrique Angelelli, los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, y el laico Wenceslao Pedernera. La propuesta, impulsada por la Arquidiócesis de Córdoba y la Vicaría de los Pobres, busca unir la capital cordobesa con la Catedral de La Rioja a lo largo de un recorrido de aproximadamente 445 kilómetros que se extenderá hasta el 17 de julio.

Tras completar una primera etapa que unió Córdoba con Villa Allende, los peregrinos emprendieron camino con destino a Molinari, completando cerca de siete horas de marcha. Actualmente, la iniciativa avanza por tramos, restando unos 340 kilómetros para llegar a suelo riojano. La planificación de la ruta contempla jornadas de unas seis horas diarias de caminata, asistidas por un vehículo de apoyo que coordina la logística diaria de los traslaos y descansos.

A lo largo de la ruta, el cansancio físico se sobrelleva mediante el aliento mutuo y la oración constante. Con el rosario siempre en la mano, Francisco, Pablo, Verónica, Ariel y Analía desgranan oraciones pidiendo la intercesión del Espíritu Santo y la protección de María Santísima. Esta actitud evoca la enseñanza de Jesús en el Evangelio de Lucas (Lc 10, 20), donde invita a sus discípulos a no detenerse en el éxito o el esfuerzo del viaje, sino a alegrarse, fundamentalmente, porque “sus nombres están escritos en el cielo”.

Los caminantes avanzan movilizados por una certeza interior profunda, haciendo vida el mandato de salir a anunciar el Evangelio tal como lo relatan los Hechos de los Apóstoles (Hch 4, 20): “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído”. Como parte central y motor de este envío, la celebración diaria de la Santa Misa se convierte en el corazón de la misión. Es en la Eucaristía donde los peregrinos reponen las fuerzas, entregan las intenciones de la gente que conocen en el camino y se nutren de la Palabra para continuar el andar, sabiendo que la Buena Noticia es un fuego que crece únicamente cuando se comparte de manera fraterna.

La marcha se desarrolla por etapas, lo que permite que nuevos fieles se sumen al recorrido en distintos puntos del trayecto para compartir la experiencia comunitaria. La planificación de la ruta contempla exigentes jornadas de entre 7 y 8 horas diarias de caminata, asistidas por un vehículo de apoyo que coordina la logística de los traslados y descansos. Al pasar por los pueblos y ciudades, el grupo recibe constantes muestras de afecto y cariño por parte de los vecinos. En cada parada, los peregrinos oran junto a quienes los reciben, comparten la Palabra de Dios, dejan las bendiciones del Señor y continúan camino hacia el siguiente destino. Los propios participantes registran el día a día compartiendo fotos de la ruta en un grupo interno para visibilizar el avance de la travesía. «Que la Palabra de Dios nos hable en el camino», expresaron los peregrinos.

La iniciativa plasma de manera concreta las Líneas Pastorales 2026 de la diócesis, que convocan a ser una Iglesia decididamente orante, fraterna y misionera en salida. El andar de los peregrinos, acompañados espiritualmente por el padre Pablo Márquez —de la parroquia María y José del barrio Ituzaingó—, da testimonio de una fe encarnada que camina junto al pueblo y sale al encuentro de las realidades cotidianas. Con la mirada puesta en la meta del 17 de julio, la peregrinación acorta distancias paso a paso, anticipando las celebraciones centrales de la Pascua Riojana.