Chilecito, tierra de fe viva: una misión que dejó huellas en la comunidad y en los jóvenes

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Jóvenes de la parroquia San Pedro Apóstol de Buenos Aires compartieron una intensa experiencia misionera en comunidades de Chilecito. Acompañados por sacerdotes y seminaristas, vivieron días de encuentro, servicio y fe, que fortalecieron la vida comunitaria y despertaron nuevas vocaciones. 

 

Frases destacadas:  

Padre Juan Pedro Aquino 

  • “La fe crece cuando se transmite y se comparte con otros.” 

Seminarista Pedro Girado 

  • “La misión encendió un fuego en mi corazón y me ayudó a encontrarme con Dios.” 
  • “Dios quiere contar con nosotros y agrandarnos el corazón.” 
  • “No dejen que la vida se les pase: sueñen, anímense, confíen.” 

Jóvenes misioneros de la parroquia San Pedro Apóstol de Buenos Aires compartieron días de encuentro, fe y servicio en comunidades de Chilecito. La experiencia dejó huellas profundas tanto en quienes recibieron la misión como en quienes la vivieron. 

Durante varios días, las parroquias Sagrado Corazón de Jesús y Nuestra Señora del Valle recibieron la visita del grupo misionero de la parroquia San Pedro Apóstol (Arquidiócesis de Buenos Aires), acompañado por el padre Juan Pedro Aquino y seminaristas . 

La misión se desarrolló en distintos barrios de la ciudad, con visitas casa por casa, celebraciones, encuentros comunitarios y gestos sencillos de cercanía que fortalecieron la vida de fe de las comunidades. 

Una misión que nace del discernimiento y la entrega 

El padre Juan Pedro Aquino explicó que el trabajo misionero es el fruto de un camino largo de preparación espiritual y comunitaria. Los jóvenes realizan durante el año un itinerario de formación, retiros y encuentros, que culmina con una experiencia misionera intensa. 

“Buscamos lugares donde nuestra presencia sea útil y necesaria. Chilecito apareció como un llamado claro, acompañado por el padre Jorge Hilal, y sentimos que Dios nos invitaba a venir”, señaló. 

El grupo, conformado por alrededor de 60 jóvenes, refleja la realidad de la juventud actual, con sus desafíos y búsquedas, pero con el deseo profundo de vivir la fe de manera comprometida y compartida. 

“La fe crece cuando se transmite. Cuando los jóvenes dejan de ser solo receptores y se convierten en protagonistas, la experiencia se vuelve completa”, expresó el sacerdote. 

Chilecito, tierra de fe viva y sensibilidad espiritual 

Al hacer un balance de la experiencia, el padre Juan Pedro destacó la profunda raíz de fe del pueblo riojano, muchas veces silenciosa, pero firme. 

“En cada casa, en cada celebración, encontramos una fe honda, una capacidad de encuentro y de fiesta que nos llenó el corazón. Nos llevamos muchísimo de Chilecito”, afirmó. 

También subrayó la importancia de fortalecer la vida comunitaria como respuesta a realidades sociales dolorosas, especialmente las que afectan a niños y jóvenes. 

“La Iglesia está llamada a abrazar lo que duele. Cuando no nos juntamos, somos más vulnerables. La comunidad protege, sostiene y cuida”, reflexionó. 

El testimonio de Pedro Girado: una vocación que se enciende en la misión 

Entre quienes acompañaron esta misión se encuentra Pedro Girado, seminarista de 22 años, quien actualmente transita su quinto año de formación sacerdotal. 

Pedro compartió que su vocación nació en una fe vivida desde pequeño en el seno familiar, pero que se despertó con fuerza en su primera experiencia misionera. 

“La primera vez que fui a misionar se me prendió un fuego en el corazón. Sentí que ahí me encontraba con Dios, que era un lugar donde podía desplegarme y ser feliz”, recordó. 

Luego de un tiempo de discernimiento profundo y oración, descubrió que ese llamado lo llevaba al sacerdocio:
“Al principio la pregunta me incomodó, pero después entendí que era lo que Dios quería para mí y que, además, me hacía profundamente feliz”. 

Chilecito desde la mirada de un joven seminarista 

Durante la misión, Pedro acompañó a la comunidad de Pomán Norte, donde encontró una realidad distinta a la de la ciudad de Buenos Aires. 

“Me sorprendió la tranquilidad del barrio y, sobre todo, la fe de la gente. Hay una gran devoción por la Virgen y los santos, una sensibilidad espiritual muy fuerte. En un gesto simple, como rezar ante una imagen, la gente pone toda su vida en manos de Dios”, expresó. 

Aunque reconoció dificultades para sostener espacios comunitarios estables, destacó la riqueza espiritual presente en cada familia y en cada encuentro. 

Un mensaje claro para los jóvenes 

Pedro dejó un mensaje especial para los jóvenes que puedan leer esta nota: 

“Que no dejen que la vida se les pase. Que sueñen, que se animen. Dios quiere contar con nosotros, quiere agrandarnos el corazón y tiene pensadas cosas grandes para cada uno”. 

También compartió algunas de las espiritualidades que lo acompañan en su camino vocacional, especialmente la devoción mariana, San José, Santa Teresita del Niño Jesús y el texto del papa Francisco «Es la confianza», donde se recuerda que solo el amor es digno de confianza. 

“Confiar en Dios y dejarnos amar por Él es lo más importante. Ese es el mejor mensaje que podemos dar como misioneros”, concluyó. 

La voz de los jóvenes misioneros: salir de la zona de confort 

En el último día de la misión, Gael y Carola, dos jóvenes de 17 años, compartieron lo que significó para ellos esta experiencia. 

“Nos llevamos mucha gente, mucho amor. Fue hermoso compartir con todos y celebrar juntos la misa”, expresaron. 

Ambos coincidieron en destacar la alegría y la hospitalidad con la que fueron recibidos en cada casa: 

“Nos abrieron las puertas, nos recibieron con una sonrisa. La gente estaba muy feliz de vernos, y eso nos llenó el corazón”. 

Desde su experiencia, dejaron un mensaje claro para otros jóvenes: “Que se animen a salir de la zona de confort, a acercarse a una parroquia o a una persona conocida. Una vez que entrás en este camino, no querés salir, porque sentís que ayudás y, al mismo tiempo, recibís mucho amor”. Para ellos, la misión se resume en pocas palabras:
“Todo es amor, alegría y paz”. La experiencia misionera dejó un mensaje común en sacerdotes, seminaristas y jóvenes: la Iglesia está viva cuando se anima a salir, encontrarse y sumar.