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Chamical, 24 de marzo de 2026 – Mensaje de Monseñor Braida

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Testigos del Evangelio en la noche de la dictadura

Chamical, 24 de marzo de 2026, 11.00. Acto provincial.

Conmemoramos hoy los 50 años del inicio de aquella oscura noche que vivió el pueblo argentino en el marco de la última dictadura. Recordamos el dolor que generó y perdura en tantas familias y comunidades, especialmente en aquellas que perdieron sus seres queridos o están desaparecidos, lo que hace que ese dolor se agigante.

Hoy, en Chamical, hacemos presente a tantos que dieron la vida en aquella hora por ser testigos del Evangelio y por procurar una sociedad más justa, fraterna e igualitaria.

Estamos frente a este templo y esta casa donde vivieron y ejercieron su ministerio sacerdotal fray Carlos de Dios Murias y el Padre Gabriel Longueville.

Ambos llegaron a esta tierra para vivir el Evangelio que nos dice: “Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.” (Mt 6,33).

Ambos llegaron inspirados por la fuerza renovadora del Concilio Vaticano Segundo que mons. Enrique Angelelli buscaba aplicar del modo más amplio y concreto posible.

Ese Concilio que aclaró la identidad propia de la Iglesia, institución de origen divino pero presente en la tierra como Pueblo de Dios, en el que todos sus miembros son valiosos y necesarios (LG).  Un Concilio que presentó a la Iglesia como servidora de la humanidad. Una Iglesia que asume como propias las alegrías y esperanzas, las penas y ansiedades de los hombres de esta época, especialmente de los pobres y afligidos. (cf. GS 1)

El P. Gabriel, como pastor de la Iglesia, vivió su misión en la cercanía con el pueblo y en su servicio constante a sus necesidades, buscando alentar su participación y organización. Fray Carlos lo hizo, de modo particular, poniendo valientes palabras para vencer el silencio y el miedo que cundía en la sociedad.

Ambos dieron la vida como testigos del Evangelio de la fraternidad y el servicio.

Ambos alentaron la participación ciudadana de los bautizados, muchos de los cuales por su compromiso padecieron la cárcel, torturas y hasta pagaron con la propia vida.

Hoy recordamos a todos los que vivieron y padecieron aquel momento. Y el mejor modo de honrarlos es comprometernos con la construcción de una sociedad más justa y participativa, donde las posibilidades de desarrollo integral sean para todos sus miembros, donde podamos expresarnos con libertad y asumir con dedicación nuestras responsabilidades. Para ello también nosotros hoy nos unimos a este clamor: “«Nunca más» a la violencia de la dictadura y «siempre más» a una democracia justa”[1]

En definitiva, se trata participar y ser parte de una sociedad donde todos podamos crecer y desarrollarnos dignamente y la felicidad del pueblo, aún con sus límites, sea una realidad y no una mera utopía. De este modo tenemos suficientes motivos para seguir caminando con confianza y esperanza.

Mons. Dante Braida

  Obispo de La Rioja

[1] Mensaje de la Comisión Permanente de la CEA. Prot. CEA N° 30/2026