15° Aniversario de la Pascua del padre Enrri Praolini (el Gringo)
Jubileo de nuestros Beatos Mártires
Carta del padre Enrri a Mons. Angelelli en el prólogo del libro «Hay que seguir andando nomás…» de Hugo Quevedo. Este libro editado en 1997 con motivo de los 25 años de la creación de la Vicaría Resurrección del Señor, la comunidad de «El Gringo».
La Rioja, 15 de agosto de 1997
Mons. Enrique Angelelli
La Gloria
Queridísimo Pelado, Hermano, Padre y Obispo:
¡Muchísimas gracias!
Ya han pasado 25 años de mi llegada a La Rioja.
Sin saberlo, llegué justo en tu cumpleaños -17 de julio 1972- cuando ibas camino a la Sacristía en Catedral para la Misa vespertina.
Poco nos conocíamos porque nos habíamos tratado en dos encuentros previos hasta que el 15 de marzo de 1972 me hiciste llegar con toda simpleza y cordialidad tu mensaje: “Te espero. Venite cuando quieras”.
Durante el primer mes me hiciste conocer La Rioja, su gente, sus costumbres, sus tradiciones. Era tu criterio pastoral (muy sabio) de primero VER para un mejor servicio desde el COMPARTIR.
Hablabas mucho de “TINKUNACO” y yo nada entendía. Después llegué a saber que era mucho más que la celebración ritual del treinta y uno de diciembre, porque lo pronunciabas como tarea y criterio eclesial. Me lo hiciste comprender en cuantas visitas hacías a los barrios y a poblados. Entonces podía acompañarte porque aún yo no tenía obligaciones pastorales concretas y llegué a descubrir que “pastorear no es lo mismo que ocupar un puesto”.
Aunque la zona urbana de la ciudad se extendía hasta el antiguo puesto caminero sobre la Ruta 38 y Alem, lo real habitado no se extendía más que a pocas cuadras del centro y con mínimas posibilidades de comunicación: falta de calles pavimentadas y hasta de un trazado urbano organizado. Muchos vecinos antiguos lo recuerdan. A pesar de esa realidad, tu corazón de pastor y tu olfato de profeta-misionero “aventuró”. En diálogo y acuerdo con el presbiterio diste a luz a las tres primeras Vicarías Parroquiales, como una prolongación de tu Sede en Catedral hacia los barrios más pobres y menos atendidos de la periferia. Elegiste el día de La Asunción de María como un signo de Maternidad.
Nos decías que querías rodear a la ciudad con el cinturón de la esperanza y el servicio, no con el de la miseria. Por eso nos fuiste dando como identificación los misterios de Jesús: Encarnación, Resurrección, Espíritu Santo. De todo este andar estamos haciendo memoria; una memoria activa, que no mire ruinas ni se demore en nostalgias, sino que inspire osadías y audacia (parresia) en el anuncio del Reino de Jesús y del Jesús del Reino: profecía y martirio y algo que celebramos todos los “4 de agosto” en memoria tuya.
Tengo el privilegio de una comunidad, que acompaño desde su nacimiento, en la que se han ido incorporando muchísimos hermanos identificados en planes de vivienda que han multiplicado nuestra población y nuestro servicio.
Personalmente te siento muy vigorosamente presente en nuestra marcha porque nos marcaste con el signo del Concilio y de Medellín: Espíritu Paráclito y animador, formador de comunidades y “padre de los pobres”. Así como marcó a Jesús de Nazaret para “el gran anuncio” y el martirio por el Reino, recordamos que fuiste “testigo por sangre y profecía”.
¡Cuánto nos costó asumir y entender la co-responsabilidad! ¡Cuántas cosas debiste escuchar de tus pares e impares-ilustrados que no han llegado a comprender que el servicio es servicio y no simpatía y buena-homía!
No te cansabas recordarnos la Eclesiología del Magisterio Conciliar y de tu compañero en La Gloria don Paulo VI: la Iglesia nace en la Trinidad.
En la Encarnación (una de las trillizas) la Trinidad “opta” por el hombre empobrecido. Así lo dejó el pecado personal y estructural. En Jesús de Nazaret ese hombre, marcado por las consecuencias del pecado, es el pobre, es mi hermano. Nacieron, entonces, las opciones pastorales diocesanas (bastante olvidadas), fruto de sudores y sacrificios, reuniones y desgastes, enfrentamientos y dolor, que nos enseñabas a mirar con “Gozo y Esperanza”: nos dijiste muchas veces: “hay que seguir andando, nomás”, “mientras más grande la Cruz, mayor será la Pascua” (otra de las trillizas).
Nos decías que la Iglesia no es propiedad privada ni capricho humano, sino la debilidad del Espíritu (la tercera trilliza).
Pelado querido, no te urge el reloj ni el pasar del tiempo. Ya has superado la etapa de la historia y entraste en lo definitivo de la Gloria.
¿Te podemos desear que seas feliz? No. La felicidad ya es posesión y no un deseo, pero te sentimos “en nuestro mismo caminar”.
También hemos aprendido y marchamos juntos en el cariño mariano de nuestro pueblo. Se siguen multiplicando las comunidades que se acogen a María en la gran riqueza de sus manifestaciones y en la sencillez creativa de nuestro pueblo. La fecundidad en nuestros hogares riojanos encuentra en María un referente a la Providencia del Dios de la Vida.
Pelado: llegate al “Negro Nicolás” y pedile nos largue una linda bendición. Háganlo juntos. Nos hace falta y nos va a venir muy bien.
De ahora en más, te vamos a recordar nuestra historia para que compartas nuestro andar. Te lo escribe con cariño nuestro hermano Hugo Quevedo.
Un abrazo de parte de las trillizas que cumplen sus “25 años”.
Enrri, el Gringo
Un abrazo al Niñito, a María y José, a Nicolás y a todos los demás compañeros en la Gloria, en especial a mi padre.












