“CAMINAR JUNTOS, EN ORACIÓN Y SALIDA MISIONERA”
HOMILÍA misa ASAMBLEA DIOCESANA – PASEO CULTURAL “Pbro. Pedro Ignacio de Castro Barros”, La Rioja. 14/03/2026
IV Domingo de Cuaresma. 1Sam 16,1b-13a; Sal 22; Ef 5, 8-14; Jn. 9,1-41
Queridos hermanos y hermanas:
Orar para ver
- Con alegría damos gracias a Dios por este encuentro que estamos culminando con la celebración eucarística.
Escuchamos que “Jesús vio a un Ciego de nacimiento” y se generó una discusión en torno a la causa de su ceguera. Pero Jesús aclara que esa limitación de esta persona era una ocasión para que se manifieste Dios. De ese modo iba preparando no solo su curación sino también su presentación como LUZ de mundo. SÍ, nos dirá claramente “Yo soy la luz del mundo”.
En primer lugar, Jesús nos invita a reconocer nuestras limitaciones y cegueras como una oportunidad para que allí Dios se manifieste, al mismo tiempo no enseña que en Él tenemos que buscar la luz y la gracia que necesitamos para vivir.
Iniciamos la mañana con un buen momento de oración en el que procuramos poner los ojos fijos en Jesús para percibir lo que Él nos inspiraba para mirar y ayudar a que la Iglesia hoy en nosotros viva y cumpla su misión.
Varios grupos hemos trabajado sobre como acrecentar la vida orante en todo el pueblo de Dios, como una dimensión esencial de nuestra existencia. Es necesario poner “Un oído en el Evangelio”, repetía mons. Angelelli, y en las enseñanzas de la Iglesia para que desde allí ver la vida y la realidad de nuestros hermanos y escucharlos con atención valorando lo que Dios en ellos quiere aportar al bien de su pueblo y al crecimiento de su Reino.

En cada uno Dios se manifiesta para el bien de los demás
- En grupo, siguiendo los pasos de la Conversación en el Espíritu, pudimos realizar nuestros aportes sobre el tema que elegimos. Como el hombre que fue curado de su ceguera por Jesús pudimos dar testimonio de lo que Dios nos inspiró. Y lo hicimos con confianza y libertad, con deseos de comprometernos y ayudar.
Al mismo tiempo hicimos el ejercicio de escucharnos atentamente. En los grupos es más lo que escuchamos que lo que hablamos. Y en esa escucha descubrimos lo que Dios nos quería decir a través del hermano o la hermana que estaba a nuestro lado. El aporte de cada uno nos enriqueció y vieron, hay cosas que escuchamos que nos tocan más, que nos movilizan. En ellas descubrimos que lo valioso que hay en los demás. Descubrimos que todos nos necesitamos.
La sinodalidad, el caminar juntos, viene en nuestra ayuda para superar toda actitud egoísta, todo individualismo, toda autorreferencialidad para descubrir que la vivida es bella cuando la compartimos con otros, con los que tenemos más empatía, pero también con aquel que me cuesta.
“Sean uno para que el mundo crea” (Jn 17) nos dirá Jesús en la última cena. Buscar la unidad en la diversidad que somos, compartiendo la originalidad de cada uno, será siempre una meta y un camino.
A Fray Carlos de Dios Murias y el P. Gabriel Longueville los unió el seguimiento de Jesús, aunque venían de lugares diferentes, de distintos caminos vocacionales. Ese deseo profundo de caminar juntos en toda ocasión lo llevó a Gabriel a acompañar a Carlos en esa oscura y fría noche de julio. Ese deseo de caminar juntos los condujo al martirio, a “dar testimonio” del valor de la vida fraterna y de servir hasta dar la vida.
En salida misionera, siempre.
- La Iglesia existe para evangelizar. Para continuar la misión de Jesús. Vayan, “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28,19-20) es el mandato de Jesús antes de su ascensión. Su luz hoy tiene que brillar en cada rincón de nuestros corazones, familias y comunidades. “Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad” nos decía el apóstol Pablo en la segunda lectura.
Cuanto anduvo y peregrinó el este apóstol llevando la buena noticia de Jesús y cuánto sufrió. Cuánto nos animó el Papa Franscico para que seamos una Iglesia en salida. Nos decía: “La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera… El Señor dice: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido» (Mc 1,38). Cuando está sembrada la semilla en un lugar, ya no se detiene para explicar mejor o para hacer más signos allí, sino que el Espíritu lo mueve a salir hacia otros pueblos. (EG 21). Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie…” EG 23).
Queridos hermanos y hermanas, si estamos aquí es porque alguien nos compartió a Jesús, nos mostró la belleza del Evangelio. Porque alguien nos dio testimonio de lo plena que es la vida cuando se cree y se vive abrazados por el amor de Dios. Estamos aquí porque alguien nos ha dado de lo que recibió. Habrán sido nuestros padres, catequistas, un amigo o amiga, una religiosa, un sacerdote… Quien sea fue un instrumento en las manos de Dios que nos transmitió su Vida y su Luz.
Hoy, somos nosotros y cada bautizado los llamados y enviados a dar testimonio de Jesús. Hoy hay muchas personas necesitadas de una palabra, de una cercanía, de un gesto que refleje la luz del Evangelio. Aquí se nos muestra más que importante el “tener un oído en el Pueblo”. Es urgente que se acreciente en todos el espíritu misionero. Las prácticas de salida misionera.
Por mi parte, recuerdo que, cuando tenía 16 años tuve mi primera experiencia de salida misionera a otro pueblo. También a los 16 empecé a ser catequista en un barrio de mi pueblo. Fue descubrir algo nuevo y, a la vez, fui aprendiendo a asumir las primeras responsabilidades en la Iglesia.
Cada uno de nosotros seguramente puede escribir su propia historia de seguimiento de Jesús, en su vida de oración, en su pertenencia a una comunidad y en su vida misionera. Cada uno, personalmente, y cada grupo en la iglesia debe tener la dinámica de la oración y de la misión. Salir a todos, sin excusión. Cada uno, junto con otros, tiene que hacer su propio camino de vida y misión.

El testimonio de los mártires nos anima y alienta.
- A todos Jesús nos quiere en la Iglesia para evangelizar. Como bien lo decía mons. Angelelli en esa Homilía que dimos como material de lectura previa: “Muchas cosas nos deja [Jesús] antes de su partida para volver junto a su Padre y nuestro Padre Dios… nos deja el sentido de caminantes en la vida y la certeza de un encuentro definitivo en la Vida que no tiene término en Dios; nos deja la gran tarea de realizar una sociedad nueva, distinta de aquella que se construye en el egoísmo, ésta hay que construirla en el Amor; nos deja la tarea de ser EVANGELIZADORES Y ANUNCIADORES de esta BUENA NUEVA que es Él – Cristo; nos deja la tarea de convocar a los hombres a la fraternidad y a trabajar para que la justicia sea vivida entre los hombres; nos deja la tarea de ser constructores de la Paz; nos deja su Vida y su PRESENCIA permanente entre nosotros, para que en Él y con Él construyamos un Pueblo Nuevo, una Raza Elegida, un Pueblo Santo.”
Wenceslao, sintió el llamado de Jesús a ser parte de su misión, y cuando lo recibió se comprometió a seguirlo. Primero buscando vivir en el ámbito familiar, laboral y social la Palabra de Dios que iba aprendiendo. De tal modo de llegar a dejar su tierra para venir a La Rioja a compartir el Evangelio que daba sentido a su vida. Su vida y martirio nos deja un gran legado de modo particular para ustedes laicos y laicas que cada día viven la fe en medio de tantos desafíos.
Estamos llegando al final de la Asamblea, pronto, publicaremos las conclusiones de los aportes que hoy hemos hecho a las líneas pastorales, y de lo que hoy hemos vivido.
Nos quedará luego la tarea de buscar cómo llevarlas a la práctica. De cómo hacer que nos ayuden a renovar la vida y misión de nuestras comunidades y grupos.
Gracias, de corazón por haber participado, gracias a los sacerdotes, a la vida consagrada, a cada uno de ustedes queridos laicos. Gracias por abrirse a compartir, gracias por ser parte de esta Iglesia que peregrina en La Rioja y quiere ser cada vez más ORANTE, FRATERNA-SINODAL y MISIONERA. Así sea.













