«Nunca más» a la violencia de la dictadura y «Siempre más» a una democracia justa
MENSAJE conmemoración 24 de marzo de 1976 – sede UNLAR- Mons. Dante Braida
Queridos hermanos y hermanas aquí reunidos:
Paz para ustedes y toda la familia que conforman la UNLAR!
Conmemoramos en este día los 50 años del inicio de un tiempo oscuro para nuestra historia que afectó la vida de nuestro país y en particular aquí en La Rioja con la detención de muchos de sus hijos, hasta llegar a la muerte y desaparición de otros.
Esta hora de la historia nos convoca en primer lugar a hacer memoria. Nos lo dice el papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti, en la que trata sobre la fraternidad y la amistad social, dice: sabemos que “Es fácil hoy caer en la tentación de dar vuelta la página diciendo que ya hace tiempo que sucedió y que hay que mirar hacia adelante. ¡No, por Dios! Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa. Necesitamos mantener «viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió» que despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las víctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez más contra todo deseo de dominación y destrucción”[1]. Tengamos bien presente que mutilar la historia abre la puerta a la posibilidad de repetir los mismos errores. Hacer memoria, en cambio, nos permite comprometernos con los desafíos del presente y orientarnos hacia un futuro mejor.
En segundo lugar, esta hora de la historia, además de hacer memoria, nos convoca a participar más de la vida democrática para afrontar los problemas de este tiempo con creatividad y decisión. Es aquí donde tenemos que honrar la democracia alentando una mayor participación ciudadana para edificar el bien común desterrando lo que podamos percibir de ambiciones egoístas que denigren la vida de los demás. “El sistema democrático se funda en una convivencia de hermanas y hermanos bajo el irrestricto respeto a la dignidad humana. Con sus ventajas y desafíos, la democracia siempre tendrá como axioma la custodia de la vida. Cualquier afrenta o violencia contra la dignidad de la persona es, en esencia, una agresión que destruye al sistema mismo. La democracia prohíbe rotundamente la eliminación del adversario, no admite el derramamiento de sangre y sustituye la lucha cuerpo a cuerpo por el debate cívico…
La democracia tiene que acertar con su finalidad última que es el bien común, que es incluir a todos en el camino de la plenitud humana. El desarrollo humano integral es, hoy, el nuevo nombre de los derechos humanos. Un desarrollo que abarque a todos porque mientras una parte importante de nuestro pueblo sufre la miseria, ¿cómo podemos ser felices? La democracia se envilece cuando deja a alguien afuera, cuando no protege a niñas, niños, adolescentes y jóvenes de la amenaza del consumo problemático y el tráfico de personas. Una democracia justa no puede ser indiferente a las necesidades básicas de la canasta familiar y al deterioro creciente del trabajo digno. Más vida democrática significa, entonces, asumir el valor del trabajo como uno de los ejes centrales de la cuestión social, pues este no solo aporta dignidad, sino que permite que cada ciudadano «ponga el hombro» en la construcción de una patria de hermanas y hermanos…[2]
Mons. Angelelli, obispo de La Rioja y una de las víctimas del terrorismo de Estado, Inspirado en el Evangelio y a la luz del Concilio Vaticano II buscó promover una sociedad más justa y participativa en todos sus miembros. Buscó por muchos caminos y modos alentar la comunión en la Iglesia y cultivar la dimensión del servicio en todos sus miembros para que vivan la dimensión social de la fe comprometiéndose en buscar soluciones a los problemas concretos de cada día y procurar la felicidad del pueblo. Para ello promovió el diálogo al interior de la Iglesia, pero también en la sociedad, para ello ayudó a mirar en la Realidad los signos de los tiempos para descubrir allí el paso de Dios.
Que desde esta Universidad podamos contribuir generosamente al crecimiento de nuestra patria. Estudiando para crecer personalmente y para servir al pueblo. Trabajando para vivir y para servir al desarrollo integral de todos.
Que este 24 de marzo nos anime a asumir esta hora de la historia que nos toca vivir apostando a la construcción de una sociedad más inclusiva y solidaria. Que se caracterice por el respeto de toda vida y de la dignidad humana. Que busque liberarse de todo palabra y actitud que agreda y que busque ofrecer lo mejor de cada uno. Así sea.
[1] Francisco. Fratelli Tutti N° 249.
[2] Mensaje de la Comisión Permanente de la CEA. Prot. CEA N° 30/2026












