1 de enero 2026 – Procesión de San Nicolás y Mensaje del Obispo

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Con una multitud en camino, La Rioja inició el año nuevo bajo la guía de San Nicolás

En el primer día del año, una multitud de fieles participó de la tradicional procesión con las imágenes de San Nicolás, San Francisco Solano y Jesús Divino Niño Alcalde. Al finalizar, el obispo diocesano, mons. Dante Braida, ofreció un mensaje evangelizador que invitó a renovar la esperanza, fortalecer la fe y asumir el compromiso cristiano con la realidad social y política del pueblo riojano.

En un clima de profunda fe, oración y alegría popular, la comunidad riojana celebró el inicio del nuevo año con la tradicional procesión por las calles del centro de la ciudad. A pesar del intenso calor —que alcanzó los 40 grados en horas de la tarde— una gran cantidad de fieles se dio cita para acompañar las imágenes de San Nicolás de Bari, San Francisco Solano y Jesús Divino Niño Alcalde, manifestando una vez más la religiosidad viva del pueblo.

Durante todo el recorrido se vivió un ambiente festivo y orante, marcado por la reflexión, el canto y la unidad. Familias enteras caminaron juntas, conscientes de formar parte de un pueblo que peregrina bajo la mirada amorosa de Dios, guiado por el Espíritu Santo y sostenido por la intercesión de sus santos protectores.

Al llegar a la Plaza 25 de Mayo, cuando el cansancio comenzaba a sentirse, una brisa refrescante alivió el intenso calor. Ese momento coincidió con una música serena y una oración al Espíritu Santo, vivida por muchos como un signo providencial: una caricia de Dios que renueva las fuerzas, ilumina el camino y anima a comenzar el año con esperanza.

Desde el atrio de la Iglesia Catedral y Santuario San Nicolás de Bari, el obispo de La Rioja, mons. Dante Braida, dirigió su mensaje al pueblo, invitando a iniciar este nuevo tiempo con la mirada puesta en Jesucristo. Recordó que Jesús, representado en la imagen del Niño Alcalde, es el verdadero guía del pueblo, el Niño nacido en Belén que vino a salvarnos y a enseñarnos el camino del amor, la justicia y la paz.

En este marco, mons. Braida recordó que la Iglesia de La Rioja inicia un tiempo especial al caminar hacia el 50° aniversario del martirio de los beatos Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera, un acontecimiento que marca profundamente la identidad de esta Iglesia particular. Este Jubileo Diocesano será vivido como un verdadero tiempo de gracia, memoria agradecida y compromiso renovado, con diversas celebraciones, peregrinaciones y actividades pastorales a lo largo del año, de modo particular en los meses de julio y agosto. Entre los signos de este camino, se han establecido lugares de peregrinación en la diócesis y se prevé la presencia de la Cruz y las reliquias de los mártires en las comunidades, invitando a todo el pueblo de Dios a profundizar su testimonio, fortalecer la fe y asumir, a la luz del Evangelio, las responsabilidades históricas del presente.

En su reflexión, el obispo destacó que la fe cristiana no puede separarse de la vida concreta. Evangelizar es también comprometerse con la realidad social y política, cuidando la democracia, promoviendo el diálogo, defendiendo la dignidad de toda vida y trabajando por una sociedad más justa y fraterna, especialmente para los más pobres y postergados.

Asimismo, mons. Braida recordó que la Iglesia de La Rioja camina hacia el 50° aniversario del martirio de los beatos riojanos, testigos de una fe encarnada y comprometida con el Evangelio. En ese horizonte, animó a vivir el año como un tiempo de gracia, renovación espiritual y misión, dejándose guiar por el Espíritu Santo.

La jornada concluyó con un clima de gratitud y esperanza renovada. Un pueblo que comenzó el año caminando unido, rezando y celebrando, con la certeza de que Dios sigue acompañando a su gente, regalando su brisa y su paz, y guiando a su Iglesia por caminos de vida y esperanza.

Dimensión social, política y ambiental del mensaje

En su mensaje, mons. Braida también hizo referencia a los desafíos sociales y políticos concretos que atraviesa la provincia. Señaló la preocupación por la frágil relación entre el gobierno nacional y el gobierno provincial, una situación que impacta directamente en la vida cotidiana del pueblo riojano. En este sentido, expresó el deseo y la necesidad de que se logre un diálogo sincero y constructivo, orientado al bien común, que permita superar tensiones y avanzar en soluciones justas, especialmente para los sectores más postergados.

Asimismo, el obispo invitó a reflexionar sobre la baja de la natalidad, una realidad que interpela profundamente a la sociedad. Recordó que la vida es un don de Dios y que su cuidado requiere el compromiso de todos: de las familias, del Estado y de las instituciones sociales. Acompañar a las familias, proteger la vida en todas sus etapas y generar condiciones dignas para el desarrollo humano fueron señalados como desafíos urgentes para el tiempo que comienza.

Otro de los ejes destacados fue el cuidado de la Casa Común. Mons. Braida remarcó la responsabilidad compartida de preservar los bienes naturales, especialmente el agua, en una provincia marcada por la escasez hídrica. En este marco, recordó que todo proyecto productivo de gran escala —como la actividad minera— debe contar con una licencia social basada en la participación ciudadana, la información transparente y el respeto por el ambiente, priorizando siempre la vida y el futuro de las comunidades.

Estas reflexiones, profundamente enraizadas en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia, reafirmaron que la fe cristiana no se vive al margen de la historia. Por el contrario, impulsa a asumir responsabilidades, a comprometerse con la justicia, la democracia y el cuidado de la creación, siguiendo el ejemplo de los mártires riojanos que entregaron su vida por un Evangelio encarnado en la realidad del pueblo.