Como fruto del encuentro y la oración compartida, la comunidad del Seminario de Formación Teológica (SFT) comienza a desandar sus primeras síntesis. Presentamos aquí las conclusiones referidas al eje de las infancias, mientras que las reflexiones sobre las demás temáticas abordadas se encuentran todavía en proceso de elaboración por parte de los equipos participantes.
Del 1 al 7 de febrero, la ciudad de La Rioja se transformó en un espacio de oración y compromiso. En las instalaciones del Centro de Educación Física Nº 5, se llevó a cabo el 39° Seminario de Formación Teológica (SFT), bajo el lema: “Caminamos en la opción por los pobres siguiendo a nuestros Mártires y Martiresas”. Fueron días de una vida compartida intensamente, donde peregrinos de distintos puntos del país no solo se acercaron a profundizar en la Palabra de Dios, sino a evangelizar con su presencia, entre mates, canciones y la alegría de un encuentro que se renueva cada año.
En ese clima de fraternidad, el taller “Tejer cuidados para las infancias” —animado por Sonia Galleguillo, Nancy Roldán, Roxana Brizuela, Claudia Cecilia, María José Caiguara y Marcela Sánchez junto al equipo de «Primeros Años»— propuso una mirada profunda sobre la realidad de nuestros niños y niñas. El diagnóstico compartido fue un llamado a la conciencia: se observó con preocupación cómo situaciones de riesgo, como el trabajo infantil o la soledad en las calles, se han ido «naturalizando». Ante esto, la comunidad del seminario fue tajante: “los chicos no son de la calle, son arrojados a la calle”, recordando que detrás de cada niño solo hay una red social y afectiva que se ha debilitado.
Un llamado a la ternura frente al desborde
Las conclusiones del taller pusieron luz sobre la profunda soledad emocional que atraviesan muchas infancias, muchas veces rodeadas de pantallas pero carentes de abrazos y diálogos que transmitan su propia historia. Se reconoció que los adultos a cargo —padres, abuelos y cuidadores— se encuentran muchas veces desbordados por el cansancio y las exigencias cotidianas. Por eso, se insistió en que el malestar que un niño manifiesta en la escuela o en el barrio debe ser recibido como un pedido de ayuda y no como un problema a castigar. En este sentido, se resaltó que el cuidado de la vida no puede ser un esfuerzo individual; es necesaria la presencia activa de la comunidad y del acompañamiento de las instituciones para garantizar que ningún niño crezca en el abandono.
Como cierre de estas jornadas de reflexión, se propuso volver al compromiso de una comunidad organizada que escuche verdaderamente a los más pequeños. Así como en los símbolos y telares compartidos en el taller, la protección de la infancia se entiende como un tejido colectivo donde todos somos responsables. Este camino de esperanza culminó con la Misa presidida por el obispo de La Rioja, Mons. Dante Braida, quien agradeció la entrega de los participantes y los animó a ser testigos de esta «Iglesia en salida», que pone a los niños en el centro de su amor y sus prioridades, siguiendo el ejemplo de entrega de nuestros mártires riojanos.














