“Amigos Amputados” – Un espacio de esperanza y dignidad en Chamical

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“Amigos Amputados”, un espacio donde la esperanza se multiplica y la dignidad humana se reafirma.

En Chamical, un grupo de vecinos que enfrentó la amputación unidos por la fe y el acompañamiento mutuo, sus testimonios muestran que, aún en la fragilidad, la vida continúa y se abre como oportunidad para crecer, acompañar y construir futuro.

Aceptar una amputación no es sencillo. La fe y el acompañamiento hicieron la diferencia. 

El proceso de aceptar la amputación comenzó a raíz de un cáncer. Después de la metástasis y los rayos, la pierna quedó muy debilitada y empezaron a aparecer infecciones que no se podían controlar. Pasó un año, luego dos, tres… y las infecciones seguían. Finalmente, cuando la situación se volvió crónica, se tomó la decisión de amputar. Fueron varios años de lucha, intentando mantener la pierna, pero no se pudo. Fue un camino largo, y dentro de todo lo viví con aceptación. No es lo mismo atravesar una amputación como consecuencia de una enfermedad —donde uno tiene tiempo de asimilarlo— que enfrentarse a un accidente en el que la amputación ocurre de inmediato. Son cambios muy importantes.

En lo personal lo asumí con tranquilidad, adaptándome con la ayuda de Dios, de la Virgen y del apoyo de familiares y amigos. Esa fuerza me permitió seguir adelante y buscar actividades que me ayudaran a no quedarme atrapado en el problema de no tener una pierna. Una de esas actividades fue la creación del grupo de amputados, un espacio que nos entretiene, nos guía y nos acompaña. Gracias a eso hemos podido salir adelante juntos.

La familia y los amigos estuvieron siempre presentes, acompañando y comprendiendo. Ese sostén es fundamental para sobrellevar un cambio de vida tan grande, porque perder una parte del cuerpo —como la pierna— transforma todo. Con ellos cerca, el camino se hizo más llevadero.

Los sueños que nos impulsaron fueron claros

La idea de formar el grupo “Amigos Amputados” nació al ver que en Chamical había varias personas en la misma situación. Surgió la necesidad de unirnos, de compartir, de encontrarnos en una especie de terapia grupal donde pudiéramos contar nuestras experiencias y darnos fuerza mutuamente. Ese encuentro fue, y sigue siendo, muy importante.

Los sueños que nos impulsaron fueron claros: acompañar a quienes todavía no tienen prótesis, ayudarlos a gestionar los trámites y reclamar ante las obras sociales para que puedan acceder a ellas. También pensamos en la necesidad de contar con espacios de terapia grupal o con psicólogos, porque muchos amputados requieren no solo apoyo médico, sino también el acompañamiento de la familia y la comprensión de su entorno. Además, buscamos compartir actividades dentro de la comunidad, que nos permitan integrarnos y mantenernos activos.

Compartir experiencias y vivencias entre nosotros ha sido fundamental. Veo que los amigos están muy contentos, con esperanza y con ganas de vivir. Todo lo hacemos confiando en que Dios y la Virgen nos acompañan, y esa fe nos sostiene en cada paso.

La comunidad parroquial y diocesana tiene un papel muy importante en esta misión

El apoyo que brindamos hoy a las personas amputadas se centra en el acompañamiento cotidiano. Nos reunimos casi todos los lunes, y ese encuentro semanal nos permite compartir los problemas diarios, escucharnos y darnos fuerza. También buscamos iniciar actividades físicas, porque es fundamental trabajar el cuerpo para estar más fuertes. Aprender a moverse, incluso a saber caer, ayuda a evitar daños y a ganar confianza en la vida diaria.

Para el futuro soñamos en grande: queremos organizar encuentros con otros grupos de amputados de distintas provincias y departamentos, que esta iniciativa se expanda y llegue a todo el país. La idea es que podamos darnos una mano entre todos, multiplicando la esperanza y el apoyo.

La comunidad parroquial y diocesana tiene un papel muy importante en esta misión. Sentimos que pueden acompañarnos participando en nuestras actividades, invitándonos a estar más presentes en la vida de la Iglesia, animándonos a ir con frecuencia a misa, y ofreciéndonos la bendición y el consejo de los sacerdotes y religiosas cuando lo necesitemos. Esa orientación espiritual nos ayuda a seguir adelante, fortalecidos en la fe y en la compañía mutua.

La presencia de Cristo se hace visible en medio de nuestra fragilidad

En nuestro camino siempre nos deseamos que Dios y la Virgen nos acompañen, que nos perdonen y sigan guiándonos y orientándonos. Esa certeza nos sostiene en cada paso, porque sentimos que no estamos solos. Estamos entregados a que todo proyecto que emprendamos se concrete con el acompañamiento de Dios y de la Virgen.

La presencia de Cristo se hace visible en medio de nuestra fragilidad y también en la fortaleza que descubrimos al seguir adelante. En cada encuentro, en cada gesto de apoyo, sentimos que Él está allí, dándonos ánimo y esperanza. Esa fe nos impulsa a transformar la dificultad en confianza y a vivir con la certeza de que somos guiados por su amor.

¡Gracias por el testimonio de fe y fortaleza!

 

 

 

 

 

 

La acción y la esperanza que se proyecta hacia adelante

 

Además de acompañarnos en lo cotidiano, hemos comenzado a soñar y planificar proyectos que fortalezcan nuestra vida en comunidad. Entre ellos está conseguir un lugar propio para la rehabilitación, donde podamos trabajar el cuerpo y recuperar fuerzas. También buscamos ayudar a gestionar las prótesis, acompañando a quienes todavía no las tienen en los trámites y reclamos necesarios.

 

Otro de nuestros sueños es organizar charlas con profesionales, especialmente psicólogos, que puedan brindar orientación y apoyo emocional. Queremos seguir con los encuentros y reuniones semanales, y ampliar la experiencia con viajes a Córdoba para ver especialistas en prótesis, aprendiendo y compartiendo nuevas posibilidades.

 

Finalmente, sentimos la importancia de visitar a los vecinos amputados, acercarnos a ellos y llevarles compañía, porque nadie debería atravesar este camino en soledad. Estos proyectos son nuestra manera de transformar la dificultad en acción y esperanza, siempre confiando en que Dios y la Virgen nos acompañan.

 

“Nos puede faltar todo, pero tenemos el corazón, y desde el corazón damos el amor.”

 

La experiencia de la amputación lleva inevitablemente a una reflexión interna. Nos preguntamos por qué nos toca vivirlo, no lo negamos. Pero después de ese cuestionamiento nace otra fuerza: la de reconocernos no como personas que inspiran lástima, sino como valientes que aceptamos la realidad de no tener un miembro y aun así seguimos adelante. Esa aceptación nos da más fuerza para vivir con dignidad.

 

En este camino hemos descubierto que la vida continúa y que siempre hay esperanza. Como decía el Padre Pérez: “Nos puede faltar todo, pero tenemos el corazón, y desde el corazón damos el amor.” Ese amor que hemos recibido en distintos momentos de nuestra vida, hoy lo devolvemos a otros que lo necesitan.

 

Queremos dejar un mensaje para las generaciones que vienen: que vivan con esperanza, que sean agradecidos, sobre todo con Dios y la Virgen. Ese es el legado que deseamos transmitir: que incluso en la fragilidad se puede encontrar fuerza, y que la fe y la gratitud son el camino para seguir adelante.

 

 

Quienes deseen conocer más sobre el grupo “Amigos Amputados”, participar de sus encuentros o colaborar con sus proyectos, pueden comunicarse a través de:

 

📞 Teléfono / WhatsApp: Eduardo Torres: +54 9 3826 54-0042

📍 Encuentros semanales: todos los lunes en Chamical

 

El grupo está abierto a recibir a nuevos integrantes, familiares, profesionales y toda persona que quiera acompañar esta misión de esperanza y resiliencia.